En los últimos años el mapa del placer y del bienestar ha ido incorporando prácticas diversas que antes se mantenían en ámbitos separados: rituales tántricos, masajes faciales tradicionales y nuevas formas de contacto afectivo. Esta convergencia responde tanto a una demanda social por experiencias sensoriales y relacionales como a la expansión del mercado del turismo‑wellness, que impulsa retiros, formaciones y propuestas inmersivas por toda Europa.
El fenómeno que podríamos resumir como Tantra, Kobido y cuddlegasm no es solo una moda pasajera: hay profesionalización, evidencia parcial que respalda efectos fisiológicos, y también controversias éticas que obligan a repensar códigos de conducta. Este artículo recorre cómo se articula cada una de estas prácticas, qué dice la ciencia y qué preguntas éticas y regulatorias emergen.
El auge institucional del neo‑tantra
El neo‑tantra ha dejado de ser exclusivamente un circuito alternativo para convertirse en sector formativo: la institucionalización es palpable, hasta el punto de que existen alianzas académicas para ofrecer un Master en “Authentic Tantra” (por ejemplo, IATE + Ubiquity University). Esa profesionalización indica que el tantra se expande más allá de talleres puntuales y entra en agendas académicas y curriculares.
En España y Europa se observa un aumento de la oferta presencial: escuelas y retiros tántricos activos, agendas regulares (por ejemplo en centros como Tantra Madrid) y programas turísticos que integran retiro y formación. Para 2025 y 2026 ya están anunciados múltiples retiros para parejas y encuentros residentiales, lo que confirma la demanda por experiencias presenciales guiadas.
Paralelamente, la comercialización se acelera: proliferan cursos, certificaciones y coaches de neo‑tantra que prometen beneficios personales y oportunidades profesionales. Esta mercantilización abre puertas pero también genera dudas sobre la calidad formativa y la ética profesional cuando la oferta crece sin criterios claros de supervisión.
Comercialización, riesgos y el caso ISTA
La expansión del neo‑tantra ha ido de la mano de controversias. Investigaciones periodísticas han expuesto abusos y fallos de consentimiento en organizaciones intensivas: el caso ISTA es paradigmático. The Cut / New York Magazine documentó que ISTA llegó a reunir a decenas de miles de asistentes (≈15.000) y detalló denuncias de coerción en intensivos, reavivando el debate sobre regulación y seguridad en el sector.
Ese tipo de exposés han empujado demandas públicas de códigos de conducta y mayores mecanismos de supervisión. Entre las voces críticas hay testimonios que desmitifican promesas curativas absolutas: una exparticipante declaró “I’m embarrassed I ever thought that an orgasm is healing somehow.” (The Cut), una frase que interpela las narrativas que asocian orgasmos y sanación sin matices.
Expertos y facilitadores defienden que el tantra auténtico es una tradición compleja que no se reduce al sexo y advierten contra su apropiación comercial sin formación ética. La respuesta profesional tiende ahora a incluir supervisión, límites claros entre docentes y asistentes, y vías de denuncia para reducir riesgos cuando se combina trabajo corporal, sexualidad y poder.
Kobido: el antiguo camino de la belleza
Kobido es una tradición milenaria japonesa conocida como el “antiguo camino de la belleza”. Se trata de un masaje facial tradicional que combina movilizaciones, tapotement y drenaje linfático con el objetivo de mejorar el tono, la circulación y la relajación de la piel y del tejido facial.
En el mercado estético actual Kobido ha encontrado un lugar consolidado: clínicas y spas en Europa lo ofrecen como un “lifting natural” de 60 minutos, con precios de referencia que rondan los 100, 105 € por sesión según ofertas observadas en 2024 y 2026. La etiqueta combina tradición y posicionamiento premium en el sector wellness.
Las escuelas y marcas que enseñan Kobido (por ejemplo Art of KOBIDO® y formaciones europeas) insisten en la necesidad de formación auténtica para impartir la técnica con corrección técnica y respeto por la tradición, intentando evitar la banalización de prácticas con raíces culturales profundas.
Evidencia científica y límites del Kobido
La investigación sobre masaje facial ofrece evidencias parciales que explican por qué muchos clientes perciben un "glow" y reducción de hinchazón tras Kobido. Ensayos controlados aleatorizados (p. ej. estudios perioculares) y trabajos sobre rollers y masaje facial han mostrado efectos agudos y sostenidos en el flujo sanguíneo cutáneo y la función vascular, mecanismos plausibles para mejorar la circulación y el drenaje linfático.
Los beneficios reclamados , mejor circulación, drenaje linfático, tono muscular y reducción de tensión y cortisol, encuentran cierto soporte en trabajos clínicos que avalan mejoras circulatorias y efectos relajantes. No obstante, la evidencia sobre efectos anti‑edad a largo plazo sigue limitada y exige estudios robustos y de seguimiento.
Por eso la profesionalización y la formación rigurosa son clave: una técnica aplicada sin conocimiento puede ser ineficaz o incluso dañina. El reto científico y profesional es documentar efectos sostenidos y estandarizar protocolos para que la práctica combine eficacia, seguridad y respeto cultural.
Cuddlegasm: la tendencia del abrazo intenso
En 2025 medios españoles como AS y Cadena SER han documentado la etiqueta “cuddlegasm” como tendencia: una descripción popular de un placer intenso derivado del abrazo o la caricia afectiva prolongada, no necesariamente sexual. El término ha servido para visibilizar la importancia del contacto no sexual en el bienestar emocional.
Especialistas en sexualidad y salud mental insisten en que el cuddlegasm no es una panacea clínica: como resume la sexóloga Inma Muñoz en coberturas españolas, “No es mágico”. Desde la neuroendocrinología se explica mejor como una experiencia que aumenta oxitocina y dopamina y reduce cortisol, favoreciendo sensación de conexión y alivio del estrés.
La ciencia del abrazo aporta respaldo: revisiones y guías divulgativas (American Heart Association, Healthline) muestran que el contacto afectivo puede elevar oxitocina, bajar presión arterial, mejorar el sueño y asociarse a mayor satisfacción de pareja. Un ensayo de la Ruhr‑University Bochum (2022) documentó que abrazos de 20 segundos antes de una prueba de estrés redujeron cortisol en mujeres, ejemplificando un mecanismo hormonal real detrás del fenómeno.
Convergencia y desafíos en la industria del bienestar
El espacio donde convergen tantra, Kobido y cuddlegasm es hoy el turismo‑wellness y la oferta experiencial: grandes cadenas y marcas de hospitalidad incorporan retiros y micro‑retreats que empaquetan rituales tántricos, tratamientos estéticos y experiencias de contacto afectivo. El Global Wellness Institute y reportes del sector muestran que el mercado crece de forma sostenida y que el wellness tourism moverá cifras crecientes en los próximos años.
También emergen movimientos como "cuddle parties" y servicios profesionales de abrazo (por ejemplo Cuddlist) que documentan una demanda por contacto no sexual en entornos controlados y guiados. Esa profesionalización del tacto responde a una búsqueda social de conexión segura, pero requiere marcos éticos, formación y supervisión.
El balance entre oportunidades comerciales y responsabilidad ética es el gran desafío: cuando prácticas sensibles (sexualidad, poder, trabajo corporal) se empaquetan como producto experiencial se necesitan códigos claros de consentimiento, límites entre docente y participante, supervisión y vías de denuncia. La lección del caso ISTA subraya que el crecimiento sin regulación puede acarrear riesgos sistémicos.
En definitiva, el mapa del placer contemporáneo se reconfigura incorporando tradiciones milenarias, técnicas estéticas y nuevas formas de contacto afectivo. Tantra, Kobido y cuddlegasm pueden coexistir en un ecosistema de bienestar enriquecedor si se sostienen en formación rigurosa, evidencia crítica y prácticas éticas.
Quienes buscan estas experiencias deben informarse sobre la formación de facilitadores, exigir códigos de conducta y preferir espacios que promuevan el consentimiento y la supervisión. Así será posible disfrutar de los beneficios fisiológicos y relacionales sin obviar la responsabilidad profesional y la seguridad de las personas.
