Las prácticas sensoriales y el enfoque multisensorial están emergiendo como herramientas clave para el bienestar integral. Al diseñar experiencias que activan la vista, el oído, el tacto, el olfato, el gusto y los sistemas propioceptivo/vestibular, estas intervenciones buscan promover la autorregulación y mejorar la calidad de vida en contextos clínicos, comunitarios y cotidianos.
En los últimos años la evidencia y la práctica se han expandido: desde salas sensoriales en aeropuertos hasta ensayos clínicos en demencia y partos. Este artículo explora definiciones, evidencia reciente, aplicaciones tecnológicas y de diseño, y las implicaciones para salud pública y práctica profesional.
Definición práctica y principio multisensorial
Por «prácticas sensoriales» entendemos el diseño de experiencias que activan múltiples sentidos , vista, oído, tacto, olfato, gusto y las entradas propioceptivas/vestibulares, con intención terapéutica o preventiva. El enfoque multisensorial combina estímulos y modula intensidad, duración y contexto para favorecer la autorregulación y la participación.
Esta definición implica no solo la presencia de estímulos, sino su integración y personalización: no se trata de sumar estímulos arbitrarios, sino de crear entornos que respondan a las necesidades sensoriales individuales. En la práctica clínica y educativa esto supone evaluaciones sensoriales y ajustes continuos.
Diseñadores y profesionales coinciden en que materiales texturizados, control de iluminación y acústica, y opciones modulables son elementos centrales en la arquitectura de espacios sensoriales (fuentes de diseño 2024, 2025). La intención es ofrecer rutas de autorregulación, no sobreestimulación.
Evidencia en demencia y rehabilitación cognitiva
Una revisión sistemática y metaanálisis de 2025 encontró efectos clínicamente relevantes de la estimulación multisensorial en personas con demencia. Los resultados señalan reducción de agitación (g = 0.96; 95% CI 0.48, 1.44), apatía (g = 1.27; 95% CI 0.46, 2.08) y depresión (g = 0.28; 95% CI 0.07, 0.48), además de una mejora en la función cognitiva (g = 0.30).
Estos hallazgos (revisión/meta‑análisis 2025; revisión Biomedicines 2025 sobre rehabilitación en demencia) son prometedores para integrar intervenciones sensoriales en cuidados geriátricos y programas de rehabilitación. Sin embargo, las revisiones también llaman a mayor estandarización de protocolos y medidas.
En la práctica clínica esto ha impulsado la adopción de modelos como Snoezelen en geriatría y rehabilitación, con un creciente interés por protocolos replicables y formación profesional para garantizar calidad y seguridad.
Autismo, pediatría y resultados en poblaciones jóvenes
Una revisión de 2025 sobre autismo muestra que intervenciones en entornos multisensoriales pueden reducir conductas estereotipadas y mejorar la atención sostenida y el comportamiento sensorial en algunos estudios. No obstante, las guías basadas en evidencia siguen siendo limitadas y heterogéneas.
Ensayos recientes (2025) en poblaciones pediátricas , incluida parálisis cerebral, informan mejoras en comportamiento y reactividad emocional, aunque los autores subrayan la necesidad de replicación y tamaños muestrales mayores. La evidencia clínica temprana es prometedora, pero exige cautela interpretativa.
Estudios cualitativos con adolescentes y adultos (2023) reportan que quienes reciben intervenciones sensoriales perciben mejoras en desempeño ocupacional y calidad de vida, y solicitan más servicios centrados en la persona. Estas percepciones refuerzan la importancia de co‑diseñar intervenciones con usuarios y familias.
Uso clínico, formación y crecimiento de Snoezelen
El enfoque Snoezelen ha crecido desde su origen hasta convertirse en una referencia de práctica multisensorial en geriatría, neurodivergencia y discapacidades múltiples. Eventos y acuerdos internacionales, como ISNA‑MSE 2025, promueven estándares, formación profesional y redes de investigación.
La formación es clave: profesionales de apoyo y terapeutas en encuestas internacionales concluyen que un enfoque centrado en la persona es esencial para obtener efectos positivos, especialmente en usuarios con discapacidades profundas. La capacitación estandarizada ayuda a adaptar estímulos y evaluar efectos.
Al mismo tiempo, la comunidad clínica reconoce grietas en la evidencia (revisiones 2023, 2025): se necesitan RCTs más grandes, medidas estandarizadas y reportes de protocolos para desarrollar guías basadas en evidencia y mejores prácticas formativas.
Salas sensoriales en espacios públicos y diseño aplicado
En respuesta a la necesidad de refugios ante sobrecarga sensorial, diversos espacios públicos han incorporado «sensory rooms»: aeropuertos como Boston Logan y estadios con salas de retiro sensorial (ej.: Madison Square Garden) ofrecen zonas de calma para pasajeros y espectadores.
La experiencia práctica enfatiza que «A one‑size‑fits‑all solution does not work»; la personalización y opciones modulables son imprescindibles. Los diseñadores recomiendan materiales texturizados, control de iluminación y acústica, y recorridos personalizables para distintos perfiles sensoriales (fuentes de arquitectura 2024, 2025).
Estas implementaciones públicas demuestran el valor social de las prácticas sensoriales: reducen barreras a la participación y ofrecen modelos replicables para escuelas, lugares de trabajo y servicios de salud pública.
Mindfulness multisensorial, biofeedback y tecnología
La integración de prácticas de atención plena con estímulos sensoriales ha sido explorada en estudios recientes: un estudio exploratorio (2023) sugiere que combinar estímulos multisensoriales y biofeedback puede potenciar la «conciencia sensorial» como forma de mindfulness, fomentando presencia y regulación emocional. Los autores usan la frase «relying on sensory awareness and biofeedback processes» para sintetizar su propuesta.
Frontiers (2023) resume la idea central: «promote sensory awareness as a mindfulness practice». Este enfoque propone prácticas breves y dirigidas que usan la percepción sensorial para anclar la atención y modular la reactividad emocional.
En tecnología, propuestas 2024, 2025 introducen microintervenciones sensoriales y entornos inmersivos (VR) para regular emociones y detectar cambios sensoriales tempranos vinculados a salud neurodegenerativa y prevención. Estas herramientas permiten personalización y monitorización continua, aunque su validación clínica aún está en desarrollo.
Implicaciones para salud pública, prevención y evaluación sensorial
Las pérdidas sensoriales tienen impacto en salud global: la disfunción olfatoria en adultos mayores se ha vinculado a mayor mortalidad a 5 años (PLOS ONE 2014) y la pérdida auditiva fue identificada por la Comisión Lancet (2024) como factor de riesgo modificable para deterioro cognitivo y demencia.
Las estadísticas de la OMS (2021, 2024) indican que más de 1.5 mil millones de personas vivían con pérdida auditiva en 2021, con proyecciones cercanas a 2.5 mil millones en 2050. Tratar la pérdida auditiva podría prevenir una fracción significativa de casos de demencia, subrayando la importancia de evaluación sensorial en prevención poblacional.
Además, investigaciones en salud mental (2023, 2025) muestran que patrones sensoriales (evaluados con herramientas como el AASP) varían según diagnóstico y pueden orientar intervenciones personalizadas. Desde la prevención hasta la rehabilitación, la evaluación sensorial emerge como un componente estratégico de salud pública.
Grietas en la evidencia y recomendaciones para el futuro
Revisiones sistemáticas recientes (2023, 2025) coinciden en que las prácticas sensoriales presentan efectos prometedores pero que la evidencia requiere mayor robustez. Se necesitan RCTs con mayor tamaño muestral, medidas estandarizadas, transparencia en protocolos y seguimiento a largo plazo.
En la práctica profesional esto implica documentar protocolos, medir resultados relevantes (función cognitiva, agitación, dolor percibido, satisfacción) y fomentar colaboraciones interdisciplinarias entre terapeutas, diseñadores y tecnólogos.
Paralelamente, la voz de los usuarios , que piden más servicios centrados en la persona, debe guiar la investigación y la implementación: la personalización no es opcional si se busca eficacia y respeto por la diversidad sensorial.
Las prácticas sensoriales ofrecen una vía práctica y humana para abordar desafíos de autorregulación, rehabilitación y prevención. Su integración en entornos clínicos, comunitarios y públicos ya muestra beneficios documentados, aunque depende de formación, diseño cuidadoso y evidencia sólida.
Mirando hacia adelante, combinar investigación rigurosa, innovación tecnológica y diseño centrado en la persona permitirá que las prácticas sensoriales cumplan su potencial: mejorar la calidad de vida, prevenir deterioros y crear espacios inclusivos donde cada persona pueda encontrar estrategias sensoriales que le sirvan.
