Las manos son uno de los mejores instrumentos que tenemos para expresar nuestros sentimientos. La caricia es un arma inmejorable para provocar deliciosas y muy gratificantes sensaciones. Las sensaciones de las caricias sexuales, lo que experimentamos al recibirlas (pero también al darlas), son muchas y muy gratificantes.

De las caricias sexuales y de las sensaciones y beneficios derivados de ellas vamos a hablar en este post, en el que también daremos una serie de consejos básicos sobre cómo realizarlas.

Y es que de saber o no acariciar de una forma erótica puede derivar el grado de satisfacción con nuestra vida sexual.

Sensaciones de las caricias sexuales

Sensaciones habituales al recibir caricias sexuales

Una caricia sexual es, por encima de todo, un contacto físico que sirve para provocar placer, transmitir cercanía y seguridad, activar el deseo y estimular la excitación tanto corporal como emocional.

Las caricias generan una fantástica sensación de bienestar y, gracias a la liberación de endorfinas y oxitocinas que va asociada a ellas, relajan el cuerpo.

Al mismo tiempo, acariciar sirve para incrementar de forma progresiva el nivel de excitación de la pareja. Los ítems que sirven para identificar ese aumento de la excitación son los siguientes:

  • Cosquilleo.
  • Sensación de calor.
  • Aumento del ritmo cardíaco.
  • Respiración más rápida.
  • Erección / lubricación.
  • Piel erizada.

Las caricias eróticas sirven también para estrechar los lazos de la conexión emocional de la pareja. La persona que es acariciada se siente querida y tenida en cuenta. El sentirse deseado es una sensación muy gratificante.

Las sensaciones corporales derivadas de sera acariciado sexualmente ayudan también a tomar conciencia de la propia piel y de las propias zonas erógenas. Conocer cómo responde nuestro cuerpo o cómo responde el de nuestra pareja a determinados estímulos ayuda, sin duda, a mejorar nuestra vida sexual.

Y es que los beneficios de recibir caricias sexuales (y de darlas) son muchos. De ellos vamos a hablar en el siguiente apartado.

Caricias sexuales

Beneficios de dar y recibir caricias sexuales

Acariciar o ser acariciado con intención sexual tiene múltiples beneficios. Entre todos ellos podemos distinguir los siguientes:

  • Reducen el estrés y la ansiedad.
  • Bajan las pulsaciones y la presión arterial.
  • Mejoran el bienestar emocional potenciando sensaciones de alegría y calma.
  • Aumentan la autoestima.
  • Refuerzan el vínculo afectivo entre quien acaricia y quien es acariciado.
  • Aumenta la confianza y el apego en el seno de una relación de pareja.
  • Favorecen el placer sexual y ayudan a enriquecer la vida sexual.
  • Ayudan a explorar el cuerpo de la pareja, favoreciendo que se conozca mejor a la misma y se identifique mejor el tipo de estimulación preferida por ella.
  • Alivian el dolor y mejoran el sueño.

Como vemos, no hay más que motivos a favor para lanzarse compulsivamente a convertir el dar y recibir caricias sexuales en una de las actividades preferidas de nuestro día a día.

Eso sí: acariciar sexualmente tiene su propia técnica. Y, como sucede con todas las técnicas, el dominio sobre las mismas depende de forma directamente proporcional del nivel de práctica. Cuanto más se acaricia, mejor se hace.

Para hacerlo de una manera especialmente efectiva y estimulante hay que seguir una serie de directrices y consejos. De ellos os vamos a hablar en el siguiente y último apartado.

Beneficios de las caricias sexuales

¿Cómo realizar caricias sexuales? Pasos prácticos

Hay lugares más propicios al placer que otros. El primer paso a dar para disfrutar de una buena sesión de caricias eróticas consiste en localizar un lugar propicio al placer o, en su caso, en hacer que el espacio en el que vamos a jugar a acariciarnos se convierta en uno de ellos.

El lugar en el que vamos a desarrollar nuestra sesión de caricias sexuales debe ser un lugar tranquilo. Una temperatura cómoda y una luz agradable servirán para que así sea.

Tras localizar o preparar ese lugar, podremos comenzar a jugar. Antes de hacerlo, debemos recordar algo que es imprescindible en el sexo: el consenso. Todo lo que se haga debe ser consensuado y debe ser algo deseado por ambas partes. Por ejemplo: la estimulación anal puede resultar muy estimulante y excitante, pero sólo lo será para aquellas personas que, a priori, la acepten como tal y la consideren como tal. Si nuestra pareja no figura entre esas personas y rechaza toda práctica que tenga que ver con ese tipo de estimulación, lo mejor es dejarla de lado y no incluirla en nuestra sesión de acariciar y ser acariciados.

Para iniciar la sesión es mejor empezar por aquellas zonas de nuestra anatomía que, sin ser explícitamente áreas genitales, son sensibles o medianamente erógenas. ¿A qué zonas corporales nos referimos? A los muslos y los glúteos, por ejemplo, pero también a la espalda, los hombros, los brazos, la cara, el cabello o la nuca.

Para empezar a acariciar esas zonas debemos hacerlo con calma, con movimientos lentos y con las manos relajadas, de una forma muy suave al principio pero variando poco a poco tanto la presión como el ritmo con el que vamos acariciarando. El efecto placentero y relajante de estos primero movimientos se verá potenciado si utilizamos algún aceite de masaje. Aunque acariciar con intención sexual no es exactamente lo mismo que dar un masaje erótico, el aceite actuará como lubricante permitiendo que las manos se desplacen sobre el cuerpo de la persona acariciada de una forma más sencilla y sensual.

Saber acariciar es, también, saber mirar. Observar cómo reacciona la persona a la que estamos acariciando es fundamental tanto para incrementar lentamente la intensidad de nuestras caricias como para saber cuándo se debe avanzar hacia las zonas más explícitamente erógenas como puede ser, por ejemplo, el interior de los muslos.

Los tipos de caricias que vayamos realizando deberán ser variados. Podremos realizar deslizamientos largos con toda la mano y también realizar pequeños círculos con las yemas de los dedos.

Alternar presiones suaves con otras más firmes mientras se combinan éstas con besos, respiraciones cercanas o palabras afectuosas o eróticas (el hablar sucio o dirty talking puede resultar muy excitante), resulta muy efectivo para hacer que las caricias resulten más excitantes.

Llegados aquí, lo habitual es continuar acariciando la zona genital, testículos y pene en el caso del hombre, labios vaginales y clítoris en el caso de la mujer, así como el ano en el caso de los dos, pero eso es algo que deben decidir ambas partes. En caso de optar por ese camino, lo normal es que, tarde o temprano, tanto acariciar zonas tan senbislbes conduzca a un maravilloso y doble estallido orgásmico o, en su caso, a un coito que lleve hasta él. En cualquier caso, no hay que olvidar que las caricias sexuales pueden ser algo mucho más rico e interesante que un mero trámite hacia el coito. Sin duda, pueden ser entendidas como un «encuentro sexual completo» por sí mismas.

Cómo realizar caricias sexuales