El juego y la risa

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El juego y la risa

No desprecies nunca el poder de la risa y el juego. ¿Quién te asegura que no puedes encender, gracias al juego compartido con tu pareja, esa llama del deseo que el tiempo se ha encargado de hacer más pequeña? El Tantra es profundo y transformador, sí; pero no tiene porqué resultar algo serio o aburrido. A continuación te propondremos unos juegos. Compartidlos con el mejor ánimo. Mentalizaos para disfrutar de ellos. Muy probablemente esos juegos generarán una corriente de energía sexual que acabará por arrastraros hasta las costas de una nueva experiencia de placer y pasión.

Para llegar a esas costas, nada mejor que dar rienda suelta a vuestra imaginación. Que vuele. Y que lo haga alto. Que la imaginación sea una faceta casi inconsciente de tu mente no quiere decir que no pueda ejercitarse. Se puede, y ese entrenamiento de la imaginación te permitirá mejorar tu relación de pareja. Piensa que, de hecho, una gran parte de la atracción sexual se produce a partir de un proceso creativo que tiene lugar única y exclusivamente en la mente del amante. En tu mente. Lo que pasa en ella es, muy probablemente, más importante que lo que realmente es cierto en tu amada. Este proceso es el que nos permite proyectar cualquier fantasía en nuestras interacciones con nuestra pareja. Para lo bueno y para lo malo. Para ver en ella una diosa o para, a partir de cierto momento, empezar a ver en sus formas el perfil desagradable y odioso de una bruja. La cuestión está en quedarse con lo bueno, en escoger la mejor opción posible. Y una de las grandes, divertidas y placenteras opciones es la de utilizar esa facultad imaginativa para mejorar, diversificar y hacer más intensos nuestros juegos eróticos y nuestra sexualidad.

Piensa en tu imaginación como en un músculo que se puede utilizar regularmente. Si no lo haces, si no lo ejercitas, se atrofiará. La dejadez y el abandono son letales para ese músculo. La belleza máxima de la imaginación, su valor más preciado, es el de pertenecerte única y exclusivamente a ti. El de retratarte. Es tu propio mundo, tu privacidad, la que se manifiesta cuando imaginas. Dejándola volar eres tú el que vuelas. Dejando que se plasme eres tú quien deja su pisada sobre tu propio tiempo. Te adueñas de él. Lo vives. Y lo haces en tu nombre. Y eso sólo puede ser bueno.

Convirtiendo la risa en energía

Pocas cosas hay tan adictivas como la risa. Cuanto más se prueba, más se desea disfrutar de ella. La risa, en el fondo, es como una droga. O como una golosina en la boca de un niño. Es la risa, de hecho, la que hace aflorar al niño que aún habita, aunque no lo creamos, en algún lugar de nuestro yo más íntimo. Cuando esa risa estalla, el contacto con nuestra pareja se hace más intenso. Déjala brotar. Deja que se desborde. Olvídate de todo cuando ella aparezca y abandónate a su caudal.
Te proponemos una manera de hacerlo.

Júntate junto a la persona o personas con las que quieras compartir tu risa. Y empieza a forzar tu risa. Que te salga de la barriga. Hazlo durante cinco minutos. Si tienes alguna dificultad para hacerlo, empieza a reír como lo haría Papá Noel. Haz “ha, ha, ha”.

A medida que tu cuerpo tiemble con la risa concéntrate en tu pelvis. ¿No notas cómo se ablanda? ¿No sientes cómo se abre? ¿Verdad que tus genitales, en cierto modo, se contagian de ese temblor? Esa agitación de tu chakra base hará que te sientes traspasado de sexualidad. Te sentirás muy sexi, muy empujado a la sexualidad.

Seguramente a tu pareja le habrá pasado lo mismo. Preguntáoslo. Daos una respuesta sincera. ¿No habéis sentido una corriente de energía sexual dinamizando todo vuestro ser? Si es así, no lo dudéis: aprovechad el momento y entregaos al mandato de vuestros instintos.

El juego de la vida

Compartir con tu pareja tu mundo más privado y que ella lo haga contigo es un privilegio, una especie de lujo. Nada mejor que ese compartir para generar sentimientos de profunda intimidad en el seno de la pareja. Jugar, imaginar y reír junto a tu amante es una de las más bellas y mejores maneras de relajarte.

Puede ser que llegues a casa y pienses que no tienes el estado de ánimo adecuado para el sexo. Que has tenido un día ajetreado. Que estás cansado. Todo eso puede suceder, sí. Pero eso no impide, por lo común, que desees pasar tiempo con tu pareja. El juego puede enriquecer ese tiempo. Puede hacer que lo desees con más ganas. Y quién sabe dónde, una vez iniciado, puede conducir. Para empezar, el juego te despoja de tu sentido de ser adulto. Te aniña. Y te desbroza el camino para que vuestras dos intimidades puedan encontrarse.

La risa, créelo, estimula la circulación sanguínea, hace aumentar la atracción y la excitación y el erotismo y tu sentido lúdico. Te vuelve juguetón o juguetona. Te da marcha. Y esa marcha proporcionada por la risa permitirá que tu relación se vuelva más sensual, íntima y agradable.


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