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Descenso del deseo

Son muchas las canciones han hablado de ello. Al fin y al cabo, y aunque su nombre, anafrodisia, puede provocar extrañeza, es algo más habitual de lo que podemos creer. Estamos hablando de un trastorno del deseo sexual que se caracteriza por la ausencia del apetito sexual durante la relación sexual o la masturbación. La anafrodisia, trastorno al que también se ha llamado anorexia sexual, llega a afectar, incluso, a las fantasías eróticas, haciéndolas desaparecer.

Sin duda, la aparición de la anafrodisia puede causar graves problemas en el seno de la pareja y convertirse en una importante fuente de angustia. No en vano, la persona que sufra anafrodisia rechazará siempre que le sea posible el mantenimiento de relaciones sexuales. En caso de tener que mantenerlas (por no decir que no a la pareja, por ejemplo) dichas relaciones sexuales no resultarán placenteras.

Los grados de la anafrodisia pueden ser muy variados, aunque habitualmente se suelen englobar todos ellos en dos grandes tipologías: las anafrodisias primarias y las anafrodisias secundarias.

Anafrodisias primarias

Diferentes estudios realizados apuntan a que algunas formas de las anafrodisias primarias pueden haberse instalado en el organismo desde el momento mismo de la formación de los primeros pensamientos sexuales. Algunos casos de hipogonadismo, por ejemplo, pueden deberse a algún tipo de anomalía hormonal o cromosómica.

Los traumatismos en los testículos, por ejemplo, podrían ser otro de los motivos a los que achacar el desarrollo o aparición de algún tipo de anafrodisia primaria.

Tras las anafrodisias primarias también pueden hallarse motivaciones psicológicas. Los abusos sexuales en la infancia, por ejemplo, pueden provocar trastornos psiquiátricos importantes y, en casos extremos, hasta algún tipo de psicosis.

La educación recibida también puede provocar la aparición de casos de anafrodisia primaria. El recibir inputs informativos negativos del sexo a través de la familia, la calle o la escuela puede provocar que el sexo sea visto como algo sucio o pecaminoso, cuando no peligroso o violento.

Anafrodisias secundarias

Este tipo de anafrodisia puede ser debido a un acontecimiento de carácter médico, psíquico o de relación. En este caso no es que el deseo no haya existido nunca, es que existió y, por un motivo X, dejó de existir o se empequeñeció de manera alarmante.

¿Qué acontecimientos puntuales pueden llevar a que se produzca esa anafrodisia?

Que se produzca una alteración en el funcionamiento de la hipófisis o la tiroides, por ejemplo. Que se padezca una infección de orina o algún tipo de infección genital. Que se consuma de manera habitual alcohol, drogas o medicamentos psicotrópicos. Que se padezca una depresión. Que haya muerto un ser querido (el duelo no invita al erotismo). Que se haya perdido el empleo.
Junto a los factores anteriormente señalados podemos encontrar otros que, en determinadas circunstancias o en determinadas personas, pueden acabar afectando al deseo sexual. El estrés, la ansiedad, problemas de la relación de pareja, el aumento de peso, un envejecimiento no asumido, la infidelidad o la existencia de crisis de violencia en el seno de la pareja pueden ser algunos de esos factores que pueden conducir a una anafrodisia secundaria.

La anafrodisia tiene cura. Eso sí: no es una cura sencilla. Para que tenga éxito, el tratamiento contra la anafrodisia debe incluir acciones medicinales/hormonales y psicológicas.


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