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El masaje en el Islam

El masaje ha tenido una importancia capital en la cultura islámica. Las obligaciones religiosas musulmanas prestan una destacada atención a la higiene, hasta el punto de que el lavado de manos, pies y cara es absolutamente preceptivo antes de iniciar la oración. Sólo con las manos, los pies y la cara purificados por el agua se puede orar.

Esa importancia del baño y masaje ya fue destacada por Avicena, uno de los grandes médicos árabes, que, hacia el año 1000 antes de J.C. ya escribió un tratado en el que loaba los efectos beneficiosos de los masajes, así como los de la audición musical, el sueño y el reposo.

Esa importancia prestada por la civilización islámica al baño y al masaje tiene fiel demostración en la creación de los establecimientos de baños o hammanes. Los hammanes, copia aproximada de las antiguas termas romanas, se extendieron por todo el mundo islámico. Centro de reunión social, el hamman fue siempre un elemento esencial en la vida de los pueblos y en las barriadas de las grandes ciudades. El Imperio Otomano incorporó la cultura del hamman a sus costumbres. De allí lo importó Occidente, especialmente Gran Bretaña, convertido en el llamado baño turco.

El proceso del baño turco, basado en la evaporación de agua y en la creación de una especie de neblina que envuelve al cuerpo, refrigerándolo, es el siguiente:

  • 1. Relajación en el llamado “cuarto tibio”, un lugar calentado con un flujo continuo de aire caliente.
  • 2. Paso a un cuarto más caliente.
  • 3. Inmersión en una piscina con agua fría.
  • 4. Masaje.
  • 5. Cuarto de enfriamiento para relajarse.

La existencia del baño turco y de la incorporación a él del masaje corporal da muestra de la preocupación y del interés de la cultura que lo impulsa por el cuerpo humano y por su bienestar y placer.

La Edad Media y el Renacimiento

Este interés islámico y otomano por el placer corporal contrasta profundamente con la actitud que, durante la misma época, adoptaba la cultura europea respecto al cuerpo humano. La expansión del cristianismo impuso una moral fundamentalmente alejada del cuerpo, represiva y estricta. Los cuidados corporales y las prácticas médicas se ven directamente influidas por una visión teocrática de la sociedad y del mundo. El cuerpo era el lugar en el que residía el pecado, y por ello los baños públicos y la existencia del masaje desaparecieron de las prácticas comunes.

El hecho de que la Iglesia considerara el masaje como algo eminentemente erótico tuvo una consecuencia directa: el masaje quedó relegado a una práctica realizada únicamente en prostíbulos.

Tuvo que ser Marco Polo quien, tras regresar de sus viajes asiáticos, se convirtiera en el gran propagador de las costumbres asiáticas respecto al cuidado del cuerpo, especialmente en el caso de las mujeres. Esas nuevas costumbres importadas y el soplo de aire fresco que trajo consigo el Renacimiento hicieron que, de nuevo, los baños, masajes y el uso de ungüentos y aceites varios empezaran a recuperar la importancia que habían tenido antes de la expansión del cristianismo.

El resurgir de las ciencias orientadas al cuidado corporal y de la salud durante el Renacimiento hizo que, de nuevo, el masaje adquiriera las connotaciones curativas y de bienestar que había perdido. Un cirujano y barbero francés, Ambroise Pare, escribió en el siglo XVI una publicación en la que clasificaba los diversos tipos de toques manuales durante la práctica de un masaje que siempre tenía efectos positivos para el cuerpo.

La llegada de la imprenta hizo que muchos escritos sobre ciencia y salud alcanzaran una importante expansión y distribución (dentro de los parámetros de la época). Dicha expansión hizo, también, que los conocimientos sobre la práctica del masaje y sobre sus efectos llegaran a nuevos rincones del mundo de aquel tiempo.

Neoclasicismo: el renacer del masaje

Será la llegada del Neoclasicismo, en los umbrales del siglo XIX, el máximo responsable de la recuperación no sólo del arte y los estilos griego y romano, sino también de muchos de los factores atribuibles a su forma de vida. Aceites, ungüentos, baños y masajes vuelven a adquirir una imagen prestigiosa y natural. Las termas y las curas en balnearios se popularizan y lo romano, lo griego y lo egipcio impregna los gustos y rutinas de las clases acomodadas.

El impulso definitivo al masaje como elemento fundamental para el bienestar corporal lo da el filósofo y maestro de esgrima sueco Per Henrik Ling (1776-1839). Conocido como el padre de la Fisio y de la Kinesoterapia, Ling, que había viajado a China, trajo de allí diversas prácticas masajísticas sobre las que escribió y a las que procuró difundir. Fundador del Instituto Central Real Sueco de Gimnasia, Ling fue el creador de la llamada “gimnasia sueca”, un tipo de práctica deportiva que, asociada a la práctica del masaje sueco y al desarrollo de una adecuada higiene postural, debería convertirse en garantía de un bienestar corporal que se traduciría en un mejor estado de salud.

Serán Charles Fayette Taylor y su hermano George Henry quienes llevaran a los Estados Unidos las enseñanzas de Ling. Al mismo tiempo, los alumnos de Medicina de los países nórdicos y de las escuelas alemanas tuvieron como materia de estudio el masaje, que adquiría, así, un prestigio del que hasta entonces carecía. Principalmente indicados para los casos de reumatismo, los baños y masajes en balnearios se convirtieron en una práctica habitual de las clases más pudientes.

Siglo XX, cambalache de masajes

El siglo XX trajo un desarrollo de la aparatología médica y, concretamente, del uso de corrientes destinadas a la recuperación muscular, que jugó directamente en contra del masaje corporal. Los médicos dejaron de interesarse por aprender técnicas de masaje y éste quedó de nuevo relegado, en el campo de la Medicina, a un papel secundario. Meras fricciones. Poco más que eso volvían a ser los masajes para los médicos.

Sin embargo, y paralelamente a esta actitud médica, la investigación sobre los masajes, sus tipos y efectos no finalizó. Nuevas técnicas de masaje y nuevas terapias de masaje investigadas y creadas por médicos “alternativos” llegaron para enriquecer las posibilidades y matices del masaje.

Algunas de estas terapias llegaban directamente de la filosofía oriental (China, India, Japón). Otras, de las culturas griegas, romanas o egipcias. La colonización de nuevos países trajo nuevas técnicas que llegaban desde los cinco continentes, de Oceanía a Hawai, de África a Centro América.

Los estudiosos del tema han ido creando las diferentes escuelas, y los diferentes tipos de masaje que se pueden encontrar en el mercado son fruto, seguramente, de la fusión de algunas prácticas pertenecientes a diversas culturas.

El masaje erótico es, sin duda, uno de esos tipos de masaje que la gente cada vez busca más. Relajación y, al mismo tiempo, placer erótico es una combinación difícil de rechazar. Series televisivas como The client list han ayudado a normalizar la imagen del masajista o la masajista erótica, así como de los usuarios de dichos servicios. De hecho, son muchas las personas que, sin duda, están buscando en estos momentos un masaje erótico en Barcelona. Quien decida al final inclinarse por uno, se estará entregando a un placer que, como hemos visto, ha llegado a nosotros, metamorfoseado o no, desde tiempos inmemoriales. Aunque para llegar haya tenido que esquivar más de un escollo de incomprensión o incultura. El final feliz, después de todo, no es sino la guinda perfecta para un tiempo de placer y de cuidado de nosotros mismos.


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