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El perineo es el área entre el escroto y el ano de un hombre y la vagina y el ano de una mujer. Los músculos de esta zona del suelo pélvico son muy sensibles y cualquier caricia ahí puede resultar maravillosa. Un buen masaje perineal puede originar más y mejores orgasmos tanto masculinos como femeninos. También puede servir para ejercer un mejor control sobre la eyaculación masculina.

En el hombre, el perineo puede entenderse como una especie de “pene oculto”. Gran parte del tejido vascular del pene se encuentra tras el escroto, en el interior de la pelvis. Este “pene oculto” puede ser estimulado por la astucia y la sabiduría de un sabio compañero o compañera de juegos. Generalmente ignorada, el masaje perineal estimula la próstata y del punto G (o punto P) masculino que se haya precisamente en ella. Esta estimulación prostática es, a la vez, relajante y estimulante.

Para ambos sexos, el masaje en la raíz o base de la columna vertebral estimula los órganos sexuales y libera viejos patrones de comportamiento, permitiéndonos no sólo desprendernos de inhibiciones frustrantes, sino también de decepciones anteriores, creando de ese modo una nueva oportunidad de bienestar y una nueva manera de disfrutar de nuestra intimidad.

Para realizar este masaje, coloca la palma de la mano en el perineo, con los dedos sobre la grieta de las nalgas, y mueve la mano hasta que se sientas los isquiones (cerca de donde las piernas se unen a la pelvis). Coloca la otra mano en la parte superior de la primera y realiza una inclinación para colocar tu peso sobre el cuerpo, hacia el corazón. Busca que vuestras respiraciones se coordinen. Transmite y siente el calor en y de vuestros cuerpos.

Mantén una mano en la zona del perineo. Desliza la otra hacia la espalda, en su lado izquierdo, justo sobre la zona sobre la que debe hallarse el corazón. Desde aquí, realiza leves desplazamientos de la mano hacia arriba y hacia abajo, variando la intensidad y el ritmo del movimiento y la presión. Coloca tu pecho sobre el perineo y exhala un suspiro de satisfacción. Siente cómo ese suspiro vibra en tu mano. Estas acciones te ayudarán a fundir la vergüenza que, a menudo e inconscientemente, nos acompaña en nuestro día a día.

Arrodíllate junto al lado izquierdo de tu pareja, junto a su corazón, y coloca tu mano izquierda sobre la zona en que éste se encuentra. Coloca ahora tu mano derecha sobre la fisura que separa sus nalgas, llevando tus dedos hacia su perineo. Clava toda la longitud de los dedos sobre ese perineo, sintiendo el pálpito de ese “pene oculto”. Presiona, frota hacia arriba y hacia abajo, realiza masaje en círculos, haz que tus dedos vibren sobre su perineo, alterna estos movimientos. Pregunta a tu pareja si la presión que estás ejerciendo le resulta placentera, si es la correcta, si quiere mayor o menor fuerza en tu masaje.

Si este masaje lo estás haciendo sobre el cuerpo de una mujer, comprobarás que su perineo es mucho menor. Cuando realices ese masaje, no toques ni penetres la vagina con el balanceo de tu mano. Ese placer está reservado para otros momentos que, no lo dudes, acabarán llegando.

El masaje finaliza en la parte inferior de la espalda con varios movimientos en forma de U en la parte inferior del pie, en la pierna, en el sacro y en el otro pie. Todo esto, claro, debe realizarse sin prisas, de una manera pausada y calmada. Nuestra cultura y nuestro modo de vida nos ha hecho perder la costumbre de dejarnos vencer por la lentitud. Cuando nos movemos de una manera lenta y regular, con movimientos armoniosos, nuestra conciencia encuentra su lugar, el cuerpo empieza a disfrutar de los pequeños detalles y nuestra atención se intensifica. La vida, entonces, se convierte en un pequeño rosario de asombros. Nuestros sentidos, gracias a la lentitud, se abren a nuevas experiencias.

Masaje en la parte superior de la espalda

Lo ideal sería poder dedicar unos diez o quince minutos a este masaje. Desde tu posición, arrodillado al lado de tu pareja, dóblate y apoya tu cabeza y pecho en su espalda, colocando un brazo sobre los hombros y otros sobre las nalgas. Date un respiro para disfrutar de este abrazo. Conectad vuestras respiraciones, acompasadlas, y exhalad en diversas ocasiones para sentir cómo esas respiraciones vibran y resuenan en vuestro pecho.

Arrodillado a su lado, pon una cucharada o dos de aceite de masaje caliente en la palma de tu mano. Frota suavemente tus palmas y extiende el aceite por la espalda, los hombros, el cuello y los brazos de tu pareja, lentamente, ofreciéndole con esa caricia la confianza que necesita para que se relaje y disfrute de tu masaje.

Coloca ahora una mano alrededor de la parte lateral del abdomen, a la altura de la cintura, y realiza un movimiento calcado a este al otro lado del abdomen, como si una mano fuera el reflejo de la otra. Comienza un lento y medianamente intenso movimiento como si quisieras desplazar la carne del abdomen hacia la línea media del cuerpo. Sin levantar las manos, realiza este recorrido a la inversa, y vuelve a realizar lo que habías hecho hasta que hayas trabajado toda la espalda hasta los hombros.

Este movimiento o masaje que estás realizando se denomina apertura de la compuerta de semillas. El motivo de ese nombre hay que hallarlo en la teoría que apunta a que, cuando el hombre está imaginariamente atado, cuando no se siente libre, cuando pesan sobre él las coacciones del estrés o la educación o la cultura, el centro del corazón se desconecta de los genitales, escindiendo a ese hombre, que no puede, de ese modo, disfrutarse unitario y completo. Este masaje permite que se abra ese canal interrumpido, que corazón y genitales se pongan en contacto y que una corriente de energía fluya entre ellos. Esta apertura no tiene porqué estar orientada hacia una meta en exclusiva sexual, pero no vamos a ser nosotros quienes descartemos ese fin. Un buen pastel siempre debe de tener su guinda, ¿no?

Masaje con brazos y codos

Colocado entre las piernas, coloca el peso de tu cuerpo sobre antebrazos y codos, y colócalos sobre la espalda de tu pareja, desde la cadera hasta los hombros, primero con un brazo sobre uno de los lados, después con los dos al mismo tiempo. Trabaja los glúteos con el codo derecho en la cavidad de la cadera. Pregunta sobre la presión que estás ejerciendo. ¿Es la adecuada? Da las gracias tras su respuesta.

Pon ahora tu peso sobre tus antebrazos y colócalos en la parte superior de su área pulmonar. ¿Sientes la presión que su respiración realiza hacia arriba, contra el peso de tu cuerpo? Acomoda tu presión a esa respiración, acompáñala. La respiración es tan importante como la caricia o el toque que tú realizas sobre tu pareja. Sólo con una buena respiración, profunda y lenta, puede alcanzarse el éxtasis pleno.

Descubre con estos masajes la alegría de emplear otras partes del cuerpo que no son en exclusiva las manos. Utiliza los codos a cada lado de la columna vertebral, sintiendo las vértebras. Utiliza los antebrazos para colocarlos a uno y otro lado del pecho, cerca de las axilas, para presionar hacia el interior. Intenta utilizar la parte posterior de la parte superior de los brazos para tirar hacia abajo de los laterales del cuello, por encima de la parte superior de los hombros. Experimenta teniendo siempre cuidado con la zona más suave y desprotegida, que es la zona de los riñones, que están por debajo de las costillas y por encima de la cintura. Ten cuidado siempre al masajear esa zona. Hazlo con delicadeza y mimo. Y, como siempre decimos, lentamente, saboreando táctilmente la experiencia deliciosa del masaje. Y procurando que las manos siempre estén en contacto con el cuerpo que se está masajeando. Un paso lleva a otro. El masaje es un fluir, no un rosario de movimientos desconectados entre sí.