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Del trío hacia arriba

Ni siquiera el tema del sexo en grupo escapó a la mirada de Vatsyayana, autor del Kama Sutra. Vatsyayana escribió sobre ello, pero, es sí, lo hizo, lógicamente, desde el punto de vista de su propio tiempo y teniendo en cuenta en todo momento la restricciones sobre el comportamiento social de la época.

Vatsyayana, amparándose tras la excusa de cumplir un deber casi religioso, escribió sobre una fantasía erótica masculina que aún perdura: la de hacerse invisible y gozar del harén real, ese lugar lleno de huríes de maravillosos atractivos físicos y milenaria sabiduría a la hora de proporcionar placer a los hombres. Las recomendaciones del autor del Kama Sutra no sólo se detienen en detalles prácticos del tipo “¿qué hora es la más propicia para entrar en el harén?”, sino que también ofrece asesoramiento teórico para que el hombre sepa cómo actuar y comportarse a la hora de mantener relaciones sexuales con más de una persona al mismo tiempo.

Para la clase alta hindú de la época de Vatsyayana parece resultar muy agradable el hecho de que un hombre o una mujer tengan relaciones con más de una persona a la vez. Eso sí, se imponen en esa aceptación dos normas inquebrantables. La primera es que se mantengan las reglas del juego de clases. Que las castas no se mezclen en ningún momento. La segunda norma inquebrantable hace referencia al matrimonio. Todo el mundo sabe que nunca la respetable mujer de un respetable ciudadano se animará a hacer esas cosas que es cierto que existen y que atraen a más de una mujer, sí, pero que indudablemente son más propias de las esposas de ciudadanos de otros países.
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Hoy en día, el asunto del sexo en grupo (del trío erótico para arriba) ya no es un tema de censura social. Ya no se prohíben los textos del Marqués de Sade, plagados de orgías, ni escandaliza la idea de un hombre pueda acostarse con dos mujeres al mismo tiempo o una mujer con dos hombres.

Esto no quiere decir que sea una práctica aceptada en la cultura occidental, ni mucho menos. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las principales religiones exaltan la monogamia y claman contra todo lo que sea la ruptura de dicha monogamia. Incluso las religiones que permiten al hombre tener más de una esposa limitan y controlan estrictamente el modo en que las relaciones sexuales se llevan a cabo.

A pesar de esto, empieza a aumentar lenta pero progresivamente el número de hombres y mujeres que empiezan a ver con buenos ojos la idea de compartir abiertamente a su pareja con una tercera persona.

Intercambio de pareja

El intercambio de pareja y el “swinging” han dado pie a muchas bromas y chistes, pero poco a poco van abriéndose paso entre las prácticas sexuales de las parejas. Gran parte del mérito de esta normalización la tienen las parejas homosexuales. Son ellas las que se han puesto a la vanguardia de la cultura occidental en la variación y la experimentación sexual. Lo que en un principio sucedía sólo en la íntima privacidad del hogar o durante un fin de semana entre amigos se está convirtiendo, cada vez más, en un acto social organizado por clubs privados donde las parejas pueden ir para conocer a otras personas con las mismas apetencias y gustos que ellas. Es en el interior de esos clubs donde, si los intereses coinciden, las parejas pueden pactar sus intercambios y, en el caso de que los clubs lo permitan y estén habilitado para ello, llevarlos a la práctica.

Los clubs swingers se han multiplicado en los últimos tiempos, y son muy pocas ya las grandes ciudades occidentales que no puedan presumir de una amplia oferta lúdica de este tipo.

Las personas que disfrutan de esta experiencia afirman que la honestidad y la transparencia son las mejores compañías para disfrutar de la vida y del sexo. Las parejas que tienen relaciones sexuales de intercambio con otras parejas o que aceptan que uno o los dos miembros de la pareja tengan experiencias sexuales fuera del ámbito de la misma suelen defender que el amor y el deseo no tienen por qué disminuir tras mantener contactos o relaciones con terceras personas.

El poliamor

Los que, aun aceptando moralmente este tipo de práctica, reniegan de ella, sostienen que el sexo, para ser bueno y plenamente satisfactorio, necesita de una práctica reiterada entre las mismas personas. Esa inversión de tiempo, energía y compromiso que se requiere para alcanzar esa finalidad del “polvo perfecto”, es difícilmente conseguible, según estas personas, cuando se realizan estos intercambios de pareja. Por otro lado, prolongar reiteradamente en el tiempo las relaciones de intercambio de pareja entre los mismos protagonistas puede conducir a que se dé una situación de lo que se llama poliamor.

En el poliamor, la relación entre personas va un poco más allá de lo estrictamente sexual. Aquí la relación no se limita a lo exclusivamente erótico, sino que va más allá, entrando de lleno en lo sentimental y amoroso.

La persona que se considera emocionalmente capaz de mantener relaciones íntimas, amorosas, sexuales y duraderas de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todas las personas involucradas (el engaño no vale), recibe el nombre de poliamoroso.

Como puede comprenderse fácilmente, las relaciones poliamorosas son tan diversas como diversas somos las personas. Son los miembros del grupo que conforman la relación los que determinan, con sus relaciones internas y su propia especificidad personal, los que determinan cómo es la relación y de qué manera se desarrolla.

Para la mayor parte de los poliamorosos, sus relaciones se construyen idealmente sobre valores como pueden ser la confianza, la lealtad o la negociación franca y sincera de límites. Trapasar estos límites es violar las leyes sagradas del grupo y defraudar la confianza de todos los que forman parte de él. Para ello, conceptos como los celos o la posesión no tienen sentido alguno y son prueba de la implantación generalizada y aceptada masivamente de unas normas culturalmente muy restrictivas.


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