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Descubriendo el orgasmo con un vibrador

¿Puede ser que nunca hayas tenido un orgasmo? Pues ha llegado el momento de que te saques esa espinita que llevas clavada y descubras la gloria que todo orgasmo trae consigo. Te vamos a recomendar dos tipos de consolador que te van a ayudar a ello. Los hemos elegido guiándonos por dos motivos: la intensidad de sus vibraciones y su poco aparatosa apariencia.

El primero de los vibradores que te recomendamos se parece a una pequeña batidora/mezcladora. Proporciona una potente concentración de vibraciones y es ideal para ti si, además de tu propio interés, tienes un compañero juguetón.

Si quieres algo menos aparatoso todavía, considera la opción del cohete. Este juguete, que debe su nombre a su forma, es un mecanismo que también posee fuertes vibraciones y que, por su tamaño, puede fácilmente llevarse en el bolso. El hecho de que funcione con pilas le convierte, a la vez, en un fantástico compañero de viaje.

Conociendo tu cuerpo

Gran parte de la clave para el disfrute de estos aparatos radicará en tu capacidad para relajarte y centrarte en el momento que estés viviendo. Por eso te recomendamos que, antes de comenzar a jugar con tu vibrador dejes tus ansiedades y frustraciones aparcadas a un lado. Deja de pensar en el trabajo, en los niños, en la ropa sucia que tienes pendiente de lavar, en tus próximos compromisos de agenda. Toma un baño caliente. Si, además de todo esto, recibes un masaje con antelación, pues mejor que mejor. Un masaje nunca viene mal.

Piensa en cosas de tu presente o de tu pasado que te hagan excitarte. Sueña con alguna relación sexual que hayas tenido o quieras tener, con una postura que te guste especialmente, con una escena de una película porno que te gustaría interpretar, lee algún tipo de material erótico, imagínate follando con tu actor preferido.

Puede ser que nunca te hayas detenido a analizar tus genitales. Hazlo ahora. Saca un espejo y sostenlo con una mano mientras con la otra vas localizando las diferentes partes de tus genitales. Busca el clítoris. Ya sabes: está en la parte superior de la vulva, bajo su cubierta protectora. Identifica también los labios de la vulva, obsérvalos separados frente al espejo. Identifica la vagina y el ano. Imaginamos que sabrás distinguir todos esas partes de tu anatomía. Si por lo que fuera tuvieras algún problema al hacerlo, acompáñate de un esquema anatómico.

Deja ahora que tus dedos caminen libremente por todas esas partes que has identificado. Que conozcan la suavidad de los pliegues labiales de tu vulva y la dureza del clítoris. Retira un poco su cubierta protectora y toca el glande para familiarizarte con su sensibilidad. ¿Lo notas, verdad? ¿Sientes cómo reacciona a la caricia de tu dedo? Mete ahora un dedo en tu vagina, explora las diferentes texturas de su interior, sus diferentes partes. Al introducir el dedo dentro de tu vagina y explorar dentro de ella presta especial atención a qué partes de tu vulva se siente especialmente bien al ser estimuladas.

Disponte ahora a jugar contigo misma. Coloca el espejo hacia abajo, acuéstate boca arriba y empieza a tocarte. Acaricia suavemente tu piel. Persiste en los sitios particularmente sensibles, incluyendo entre esos lugares las mamas y el interior de los muslos. Prueba una gran cantidad de movimientos sobre labios vaginales y clítoris. Tira, aplasta, frota suavemente la piel de esas zonas tan sensibles. Céntrate ahora en el clítoris. Descubre las sensaciones eróticas que cada tipo de movimiento sobre él produce. Hay mujeres que usan dos dedos para frotar el clítoris efectuando sobre él un movimiento circular. Otras prefieren colocar un dedo a uno de los lados del mismo y después desplazar ese dedo de lado a lado del clítoris, moviéndolo como si fuera algo agitado por el oleaje.

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El vibrador, en acción

Ha llegado el momento de que escuches el zumbido de tu vibrador. ¿A que, después de haberte explorado y saber lo que las distintas partes de tus genitales sienten cuando son estimuladas, ese zumbido suena como una invitación que no puedes rechazar? Paséalo por tu cuerpo sin olvidar, por supuesto, tus genitales. Eso sí: reserva tu clítoris para el final. Cuando llegues a él, pasea la punta del vibrador por la capuchita que tapa tu clítoris. Si notas que la vibración es demasiado intensa, coloca una toalla o un trozo de ropa entre tu cuerpo y el juguete.

Mientras notas la vibración sobre tus genitales, haz rotar lentamente las caderas hacia delante y hacia atrás y aprieta los músculos como si desearas detener un chorro de orina a punto de escapar.

Varía la velocidad de tu vibrador o haz una mayor presión con él para que la vibración en tu clítoris sea mayor. Varía de tanto en tanto la dirección de movimiento del juguete. Cuando veas que la excitación sube, retira durante un instante el vibrador. Que la excitación disminuya. Hay que hacer durar el placer. Esas pequeñas burlas al clítoris harán que el placer final sea mayor. Recuerda siempre que correrse es una cosa y correr otra.

Respira profunda y prolongadamente. Resiste el deseo de contener la respiración. Si la contienes, es fácil que te corras antes de lo deseado. Con práctica conseguirás amoldar tu respiración al ritmo que tu excitación demande para prolongar su duración. Cuando sientas llegar el orgasmo, inhala, y exhala un poco después de su llegada. Sentirás una contracción profunda, un flujo sexual que recorrerá tu cuerpo de la cabeza a los pies.

El placer verdaderamente mágico del orgasmo está en esos segundos previos a su llegada. Una vez llegada al punto de no retorno, el orgasmo te anegará en cuestión de segundos, y tu cuerpo será devastado por varias contracciones.

Los vibradores son incansables (siempre que sus pilas estén cargadas, claro). Una polla necesita un tiempo para “recargarse”. Y seguramente tendrá un límite físico de acción. A un vibrador no le pasa eso. Después de sentir ese primer orgasmo, retíralo de tu clítoris si éste es demasiado sensible, pero vuelve con él después de unos segundos para intentar tener otro orgasmo. Te sorprenderá lo sencillo que es, en ocasiones, volver a tener otro orgasmo. Y otro. Y otro. Y…

No te preocupes si no fuera así. Basta con coger el juguete un poco más tarde y ofrecerle otra oportunidad. En ocasiones se pueden necesitar varias semanas de práctica para que el cuerpo se acostumbre a la estimulación. Trata de aprender de cada intento y presta atención al tipo de estimulación que te sienta mejor. Construye los cimientos de tu placer sobre ella.