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Tras el coito, el sueño

Que hombres y mujeres vivimos la sexualidad de manera distinta es algo que ya sabemos. Nos une la búsqueda conjunta del placer, sí; pero una vez alcanzado éste, unos y otras nos comportamos de manera diferente. Ello no es fruto del azar ni de una determinación cultural: tiene un fundamento físico y una explicación científica.

Un grupo de investigadores del Instituto Francés de Salud e Investigación Médica (y sirviéndose del uso de escáneres durante la relación sexual) aseguran que el córtex cerebral masculino se apaga cuando se alcanza el orgasmo. Llegado ese momento, tras la eyaculación, el cerebro masculino desactiva cualquier tipo de orden que tenga que ver con el deseo sexual. Dicha desactivación coincide y es debida a la secreción masiva de varias sustancias entre las que destacan dos: la serotonina y la oxitocina. Estas dos sustancias, unidas a la vasopresina, inducen al sueño y son las responsables de que, tras el coito, el hombre tenga gran facilidad para dormirse.

Esa facilidad para dormirse tras el coito no tiene tanto que ver con la eyaculación como con el coito en sí. El hombre se duerme más rápidamente cuando mantiene relaciones sexuales que cuando se masturba. ¿El motivo? No se sabe con seguridad, pero puede deberse a algo que sí está comprobado: el cerebro libera cuatro veces más prolactina tras un coito que tras un orgasmo alcanzado tras la masturbación. La prolactina está relacionada directamente con la sensación de saciedad sexual. A mayor cantidad de prolactina segregada por el cerebro, mayor sensación de satisfacción y, por tanto, menor necesidad de repetir.

El orgasmo, además, deja a la musculatura sin su reserva energética: el glucógeno. Al tener más masa muscular, la sensación de cansancio y adormilamiento es mayor en el hombre que en la mujer. Así, las mujeres no deberían valorar con demasiada dureza el hecho de que el hombre, tras gozar junto a ellas, se queden dormidos. Las universidades de Michigan y Albright han realizado un estudio que, entre otras conclusiones, aporta una que debería calmar el enfado de esas mujeres a quienes no les gusta que su hombre se duerma rápida, plácida y profundamente poco tiempo después de eyacular. Esa conclusión es la siguiente: el quedarse dormido tras el coito es señal de que el amor es profundo.

La reacción de la mujer

También existe una explicación física tras el hecho de que casi la mitad de las mujeres hayan experimentado alguna vez en su vida tristeza y ansiedad tras una relación sexual por mucho que dicha relación haya resultado satisfactoria y placentera. Las ganas de llorar se deben a un cóctel de hormonas y emociones que se agitan en el interior de la mujer en los instantes inmediatamente posteriores al orgasmo.

Ese mismo coctel hormonal hace que la mujer, al contrario que el hombre, experimente una súbita en incontrolable necesidad de hablar. Esa necesidad de hablar se combina con otra necesidad: la de ser mimada. Susan Hughes y Daniel Kruger, psicólogos estadounidenses, han resaltado la necesidad de escuchar palabras amorosas tras el coito. Con la escucha de esas palabras y la concesión de esos mimos, la mujer siente cómo, tras el orgasmo, se refuerza el vínculo afectivo.

Estos mismos psicólogos señalan algo que es común al hombre y a la mujer: unos y otras quedan más satisfechos si, tras el coito, la pareja muestra señales de compromiso, unión y complicidad. Así, el post-coito adquiere una importancia fundamental en la vida erótica y sentimental de la pareja, revelándose la charla tras el coito o los mimos post-coito tan importantes como pueden ser los preliminares de la relación sexual.