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La angustia de una adicción

A menudo decimos con demasiada ligereza que somos adictos al sexo. Como si el hecho natural de que nos guste practicar el sexo fuera comparable a la obsesión compulsiva de convertirlo, de manera enfermiza, en el tótem central de nuestros pensamientos. Bromeamos así con la adicción al sexo como si dicha adicción, como todas las adicciones, no escondiera un fondo de sufrimiento. Y es que el término sexo y sus innegables resonancias hedonistas nos hace olvidar que toda adicción, por mucho que sea a algo tan gozoso y divertido como el sexo, no deja nunca de ser una dependencia y, como tal, algo que nos hace menos libres y, por tanto, menos felices.

La editorial Laertes editó a finales del año pasado Adictos a las sombras, una obra que, escrita por José Manuel de la Torre, se estructura a partir de siete entrevistas a siete adictos al sexo y a la exmujer de otro. En dicha obra se recogen las experiencias de esas personas. Las opiniones de éstas y el propio ejemplo de sus vidas sirven para que el lector aprenda a valorar la importancia de la adicción al sexo y para que reflexione sobre los diferentes aspectos que, de manera más o menos tangencial, están ligados a ella.

Por ejemplo: ¿nos hemos preguntado alguna vez hasta qué punto la sociedad actual ha fomentado la adicción al sexo? Probablemente no, pero a ninguno de nosotros se nos escapa que la nuestra es una sociedad hipersexualizada. El sexo deja su huella en el cine, en la literatura, en la publicidad y, sobre todo, en internet. ¿Cuántas páginas de sexo en streaming no pueblan la red? Una de las personas entrevistadas por José Manuel de la Torre recalca cómo la adicción al sexo, como tantas otras enfermedades mentales, es menospreciada por gran parte de una sociedad hipócrita que, al mismo tiempo de fomenta y potencia la adicción, la condena de manera categórica. Para muchas personas, el adicto al sexo no es tanto un enfermo como un vicioso.

Cine y ninfomanía

En la decisión de José Manuel de la Torre de realizar esta investigación y escribir este libro han pesado dos factores. El primero de ellos ha sido que un amigo suyo ha padecido esta adicción. El segundo, el efecto que le dejó la visión de una película, Shame, dirigida por Steve McQueen en 2011 sobre un guion escrito por él mismo en colaboración con Abi Morgan. En ese film, Brandon Sullivan, el protagonista masculino (papel que interpretó Michael Fassbender) es un hombre que roza la treintena, vive en Manhattan y es adicto al sexo. Brandon es un desesperado del sexo que busca todo tipo de contactos sexuales. En los bares, en la red, contratando prostitutas, contactando con homosexuales… nada sacia la necesidad de Brandon de sexo.

La experiencia sexual no sacia la necesidad de sexo del adicto al sexo. Ése precisamente, destaca de la Torre, es uno de los aspectos más característicos de esta adicción y lo que la diferencia, por ejemplo, de otras adicciones. Una dosis puede aliviar temporalmente a un cocainómano o a un heroinómano. El adicto al sexo no se calma con nada. La experiencia erótica pierde su carácter hedonista y tras ella sólo queda una amarga sensación de culpa y arrepentimiento.

La cabeza del adicto al sexo gira una y otra vez alrededor del mismo eje y eso acaba afectando a su vida laboral y familiar.

En el caso de la mujer, el desprecio social es más duro. La palabra “ninfómana” se utiliza con una despreocupación espeluznante. En una sociedad tendente tradicionalmente a aplaudir la promiscuidad masculina y a calificar negativamente la femenina, la ninfomanía es contemplada en demasiadas ocasiones como una especie de vicio propio de una mujer licenciosa. Películas como Belle de Jour (1967), Entre las piernas (1999), Diario de una ninfómana (2008), Filth (2013) o Nymphomaniac (2013) se han acercado, de manera diversa, al tema de la ninfomanía.

Terapia para la adicción al sexo

La adicción al sexo es un tipo de adicción que no distingue entre clases sociales, niveles económicos y edades. Si acaso, puede apuntarse que son más proclives a padecer adicción al sexo aquellas personas que se dedican a profesiones en las que los tratos con otros seres humanos son más abundantes: taxistas, transportistas, comerciales, dueños de bares… De entre los famosos que, en un momento determinado de su vida, se han tenido que enfrentar al problema de la adicción al sexo encontramos nombres como los del golfista Tiger Woods, la actriz Lindsay Lohan, los actores Michael Douglas, David Carradine, Charlie Sheen, David Duchovny, Rob Lowe o los cantantes George Michael o Kany West.

¿Qué tratamiento deben seguir aquellas personas que reconozcan padecer adicción al sexo? Desde la terapia psicológica a la prescripción de ansiolíticos, son varias las metodologías empleadas para hacer frente a la adicción al sexo… Entre todas ellas, quizás la más popular es la terapia de los 12 pasos. Esta terapia, que imita a la utilizada en Alcohólicos Anónimos, es la que se utiliza habitualmente en la mayor parte de asociaciones de adictos al sexo de los Estados Unidos. En el país norteamericano son muy abundantes este tipo de asociaciones.

A imagen y semejanza de estas asociaciones podemos encontrar en España la asociación Adictos al Sexo y al Amor Anónimos (SLAA – Sex and Love Addicts Anonymous). Esta asociación, que sigue la terapia de los 12 pasos, dispone de su propia página web: www.slaa.es. En ella se pueden encontrar las 40 preguntas que, contestadas, nos pueden ser muy útiles para saber si padecemos adicción al sexo o no. La página web de SLAA también muestra en qué consisten los 12 pasos, determina las 12 tradiciones que deben cumplirse para formar parte de SLAA y expone al usuario los diferentes canales a través de los cuales se puede contactar con la asociación.


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