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Caricias en el rostro

Acariciar el rostro de tu pareja es algo así como verlo por vez primera. El acto de acariciar la cara es algo íntimo y mágico. Hacerlo del modo que a continuación te proponemos hará que esa magia e intimidad sean aún mayores.

Pongamos que empiezas tú la sesión de caricias. Siéntate cómodamente, con la espalda apoyada, y coloca en tu regazo una almohada. Tu pareja debe tumbarse y colocar la cabeza sobre esa almohada. Ajustad ahora el cronómetro y marcad diez minutos. Mira a tu pareja dulcemente y haced la respiración oceánica al mismo tiempo durante uno o dos minutos.

Cuando estéis preparados, coloca tus manos ligeramente sobre toda su cara. Debes sentir su calor. Toma conciencia de que vas a explorar la maravilla. Y de que vas a crear, gracias a tus caricias, maravillas nuevas. Con los ojos abiertos (aunque puedes tenerlos cerrados), empieza tocando su frente ahí donde empieza el cabello. Mueve los dedos lentamente a través de ellos, mesándoselos. Observa cómo el pelo se desliza entre tus dedos y bajo tus uñas. Avanza hacia la frente. Nota la piel tensa, fresca y suave. ¿También caliente? Explora cada una de las líneas de la piel y asómbrate de la sabiduría y la experiencia que cada una de esas líneas atesora.

Mueve ahora los dedos sobre las cejas y desde el centro hacia fuera. Recorre tranquilamente ese camino. Toca los confines de las pestañas con la punta de un dedo. Que la lentitud se apodere de todos tus movimientos, también de vuestra respiración. Acaricia para sentir y dar placer.

Traza ahora la forma del pómulo de la cara de tu pareja con los dedos índice y pulgar. Desciende hacia abajo por el lateral de su nariz. Acaricia atentamente. Si tu atención se desvía de la caricia, disminuye la velocidad de la misma. Siempre es un error ir demasiado rápido. No se disfruta lo mismo de un paisaje cuando circulas a 120 Km/h que cuando lo haces a 60 Km/h. Describe ahora la forma de la oreja, pero no toques dentro de ella. Acaricia también la zona del bigote y muy, muy levemente, los labios de tu pareja. Recuerda algo muy importante: en esta fase no puedes, bajo ningún concepto, introducir un dedo en la boca de quien estás acariciando. Eso sería algo con demasiada intensidad sexual y, recuerda, aquí lo que se persigue es aumentar el sensualismo de nuestras caricias.

Terminando el masaje erótico en la cara

Concluye esas caricias con ambas manos en la cara de tu pareja, sujetando sus mejillas suavemente. A continuación, aléjalas poco a poco. Realiza el saludo de corazón. Y prepárate para cambiar los roles con tu pareja. Antes de hacerlo, habla con tu pareja sobre lo experimentado. Poner en común las sensaciones es imprescindible para que mejoréis vuestras experiencias. Que te diga qué es lo que más le ha gustado, qué fase le hubiese gustado más duradera, qué zonas no han sido tocadas de la cara y hubiese querido que lo fueran, etc., etc.

¿Por qué no pruebas a acariciarte a ti mismo? Dedícate un tiempo. Enciende una vela y siéntate frente a un espejo. Serás al mismo tiempo acariciador y acariciado, dador y receptor. Mirándote al espejo, incluso puedes saludarte a ti mismo haciéndote un saludo de corazón. Siente cómo la piel absorbe las sensaciones de tus caricias. Cierra los ojos y acuéstate si te sientes mejor. Que un flujo de amor y autoestima entre en ti a través de tus manos. Date todo el tiempo que puedas y desees. Podrás disfrutar de todo tu cuerpo sintiendo cómo él mismo se acaricia expresando así su amor por sí mismo, su autoestima. Este masaje facial será un gran descubrimiento para ambos.