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Sexo oriental

Nunca deberíamos perder de vista algo que en ocasiones, vanidosos de modernidad, tendemos a olvidar: nosotros no hemos inventado el sexo. El sexo ya existía antes de nosotros y las personas que nos precedieron ya supieron disfrutar de él. Nosotros, con una opinión demasiado complaciente con nosotros mismos, nos consideramos libres de prejuicios, desinhibidos y sabios, y eso nos impide avanzar en el conocimiento de nuestra sexualidad y en la mejora de nuestra vida sexual.

Este pecado de vanidad de considerarnos el no va más de la sabiduría sexual es especialmente grave en Occidente. Considerándonos el ombligo cultural del mundo desdeñamos con demasiada facilidad la aportación teórica y práctica de las culturas orientales. Menospreciamos fácilmente, por ejemplo, todo lo que los antiguos taoístas chinos pueden enseñarnos sobre el sexo. Nos aferramos a nuestra idolatría orgásmica y ni siquiera tenemos la humildad de plantearnos el porqué de que gente sabia como los antiguos maestros taoístas colocaban precisamente a nuestro tan adorado orgasmo en un lugar secundario dentro de las prioridades sexuales que debería tener una pareja.

El consejo principal de toda la cultura taoísta para los hombres es que se abstenga de la eyaculación ya que ese abstenerse de la eyaculación no sólo permitirá prolongar el tiempo de placer experimentado, también facilitará el mantenimiento de una buena salud corporal.

El taoísmo debe entenderse como una filosofía china antigua que aboga por vivir en armonía con la naturaleza. Para los taoístas, nada más natural que el sexo. Ellos no han asociado nunca el sexo al sentimiento de culpa ni al pecado. El pecado es un concepto judeo-cristiano y es la cultura judeo-cristiana la que más férreamente ha asociado, para mal nuestro, sexo y pecado. La sexualidad, de hecho, ha sido considerada en nuestra cultura durante demasiados siglos como algo vergonzante o sucio. Las culturas orientales son radicalmente distintas en este aspecto. De hecho, para el taoísmo la sexualidad es considerada algo normal. La sexualidad es, para el taoísta, un camino de perfección. El conocimiento y la sabiduría sólo podían adquirirse si se conseguía conocer y controlar la propia sexualidad. Los guías espirituales y los textos eróticos eran los mejores caminos para alcanzar dicho conocimiento y control.

Su Nu: la primera sexóloga

De entre los textos eróticos taoístas, el más antiguo de todos es el Su Nu. Esta obra, que parece datar el siglo I, está estructurado de una manera muy simple pero, al mismo tiempo, muy efectiva: el emperador pregunta a su asesora femenina (Su Nu) sobre todas aquellas cuestiones que, a nivel erótico, le inquietan.

Las preguntas que el emperador realiza a Su Nu coinciden en bastantes casos con aquellas preguntas que los hombres siguen, en muchos casos, realizándose hoy. Por ejemplo: ¿qué sucede si no puedo conseguir una erección? O: ¿cómo puedo excitar a mi pareja? O: ¿cómo puedo saber que mi pareja está disfrutando del sexo? Sin duda, muchos de estas preguntas podrían reproducirse hoy en día, sin apenas cambios, en cualquier consultorio sexológico.

Las respuestas de Su Nu, sin embargo, son respuestas impregnadas de un lirismo que hoy no puede encontrarse en las respuestas que los sexólogos dan a nuestras cuitas. Su Nu habla de la unión del Yin y el Yang. La primera es la energía femenina; la segunda, la masculina. La unión de ambas, afirma Su Nu, permite a la pareja disfrutar de una larga y saludable vida como enamorados.

Su Nu también advierte al emperador contra la eyaculación. “Cuando el ching (semen) se emite, todo el cuerpo se siente cansado”. Ejercer el autocontrol y calmar la pasión permitirá que el amor crezca entre los amantes. Esto no significa que el hombre no deba eyacular nunca. Eso sí: en vistas a preservar su yang o energía masculina, el hombre deberá procurar eyacular con menos frecuencia.

Control de la eyaculación

Comprensiblemente, muchos hombres no quieren renunciar actualmente a la explosión placentera y liberadora de la eyaculación. Combinar ambos extremos (el de prohibirse continuamente la eyaculación y el de eyacular a las primeras de cambio) es lo ideal. Para hacerlo, nada mejor que obtener un cierto control sobre la eyaculación. Para ello, nada mejor que realizar una serie de ejercicios que nos permitan obtener dicho control y, así, poder prolongar la relación sexual hasta el momento en que la mujer (habitualmente de orgasmo más lento) haya podido alcanzar su orgasmo.

Ese control masculino de la eyaculación, además, señala Su Nu, liberaría a la mujer de la presión psicológica de llegar al orgasmo cuanto antes. La mujer, liberada de esa presión, podría dejarse llevar por el propio ritmo de su anatomía y esto, a la larga, favorecería la llegada del anhelado orgasmo. Tras el suyo, el hombre podría dejarse ir y, así, culminar de una manera perfecta el encuentro erótico. La paz y el bienestar tras hacer el amor serían completos y los lazos de la pareja resultarían estrechados.


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