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Besos en el yoni

El sexo oral practicado sobre el cuerpo de una mujer hace que esa mujer se sienta adorada por el hombre que lame y besa su vagina. Cualquier hombre que haya gozado del placer de realizar un cunnilingus a la mujer amada sabe cuánta es la pasión que, en ese instante de íntimo contacto, se produce entre ambos cuerpos. Cuando la mujer se abandona a esas caricias y se deja llevar por el oleaje de ese placer, una sensación de liberación y libertad se apodera de ella, que trepa así, ligera de carga, hacia las cumbres más altas del gozo sexual.

Para llegar a eso, debes invitar a tu pareja a que se ponga cómoda. Es importante que lo esté para relajarse. Ella, después de todo, no tiene que hacer nada. Eres tú el actor principal de esta maravillosa obra de dicha y erotismo. Tú quien debes valerte de tus artes amatorias y tus caricias bucales para excitar progresivamente a tu pareja hasta que, no pudiendo soportar más excitación, se derrame en un orgasmo que deje, tras su paso, una sonrisa de bobalicona y cachonda felicidad en sus labios.

Cuando esté cómodamente instalada, dile que abra las piernas. La entrada a su yoni debe ofrecérsete franca.

Siéntate durante cinco minutos y concéntrate en conseguir una visión yin con la que puedas mirar convenientemente su vulva. Gracias a esa forma de mirar, esa vulva aparecerá ante ti como las puertas de acceso al cielo de la dicha.

Besa con lentitud y suavidad, con mucha ternura y afecto, los muslos de tu pareja. Besa del mismo modo la parte inferior de su abdomen. Siente cómo el deseo, poco a poco, se va apoderando de tus actos. Siente cómo ese mismo deseo va empezando a brotar en ella.

Acerca tu boca a su lugar más íntimo. Posa con ligereza, suavemente, tu lengua y tus labios en su yoni. Que tu lengua acaricie sus pliegues más íntimos. Que se pasee por sus labios internos y externos.

Mueve suavemente tu lengua alrededor de su clítoris. Que esa perla sienta toda tu suave atención. Escucha sus gemidos. Siente cómo su respiración se agita. Esos sonidos, los de sus gemidos y los de su respiración, te guiarán en la búsqueda del ritmo y la presión que ella desea y que a ella estimula.

Que tu lengua se concentre en ese punto mágico de concentración de 3.000 terminaciones nerviosas que es el clítoris. Acaricia esa perla con un movimiento circular de tu lengua. Siente cómo tu amada empieza a mecerse sobre las olas del éxtasis.

Si colocas ahora, mientras realizas esa caricia lingüística en su clítoris, una mano sobre el pecho de tu pareja, ampliarás su capacidad orgásmica y favorecerás que la energía sexual de ese encuentro se extienda por todo su cuerpo.

Cuando su orgasmo haya llegado, cuando hayas sentido, finalmente, el estremecimiento líquido de su vagina, suaviza más aún tus caricias, eleva tu cabeza y apóyala sobre su viente. Amolda tu respiración a la suya y abandónate a ese momento de paz.

El néctar del loto

En el Tantra se considera que los jugos sexuales que manan de la vagina tienen propiedades rejuvenecedoras, curativas y, por supuesto, muy saludables. El sexo oral, qué duda cabe, hace brotar muchos de estos jugos, y su mezcla con la saliva masculina durante el cunnilingus origina un poderoso elixir.

Excitar a la amada y, al mismo tiempo, disfrutar de las maravillosas secreciones de su vagina son dos de los aspectos que hacen del cunnilingus una de las más maravillosas experiencias sexuales que pueden compartir un hombre y una mujer. Sentir la boca empapada de los flujos vaginales de la mujer a la que se desea es una de esas experiencias que los buenos amantes no pueden obviar.

Esas secreciones que manan de las entrañas mismas de la mujer y que se derraman, desde los labios vaginales, sobre la boca del hombre, reciben, para los tántricos, el nombre de “néctar del loto”. Se considera que son un potente afrodisíaco y, qué duda cabe, hacen aumentar el disfrute personal de quien se inclina ante la vagina de la mujer, dispuesto a lamerla y excitarla con la hábil combinación de labios y lengua.

Si, alejándonos de la visión de los practicantes del Tantra, nos atenemos a lo que se dice desde las trincheras científicas, el flujo vaginal posee una composición parecida a la del suero. Agua, albúmina, glóbulos blancos y mucina son, fundamentalmente, los componentes de esa maravillosa bebida que tanto nos embriaga durante el cunnilingus. La mucina, uno de esos componentes, pertenece a una familia de las proteínas y es un componente clave en la mayoría de las secreciones con aspecto de gel. Esta mucina cumple una función fundamentalmente lubricante, a la vez que sirve de barrera física y química a la entrada de según qué tipo de microbios o microrganismos.

Como se ve, nada que tenga que ver con algo sucio. Nada que ver con la orina o los excrementos. Y, quizás, quizás, después de todo, y para que quede constancia ante los escépticos del Tantra, los tántricos no vayan tan desencaminados cuando defienden las bondades de estas secreciones. No en vano, un equipo de científicos de la Universidad de St Austin de Carolina del Norte (USA), realizaron no hace mucho un estudio en el que destacaron las ventajas que, para el hombre, puede tener el consumo del moco vaginal de la mujer.

Entre las ventajas reseñadas por este equipo científico, figuran, entre otras, la estimulación de cargas eléctricas entre las células, la prevención del cáncer de próstata, la mejora de la digestión, el alivio del estreñimiento y el fortalecimiento de dientes y huesos. Visto todo esto: ¿aún te planteas si debes rendir homenaje al yoni de tu pareja brindándole uno de esos cunnilingus que a ti te dejan la boca empapada de flujos y a ella sus genitales temblorosos de placer?