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El triunfo de la tecnología

A veces no somos conscientes de cómo la tecnología nos ha cambiado la vida. Como a todo lo bueno, nos hemos acostumbrado rápidamente y casi sin darnos cuenta a convertir en rutina actos hasta no hace tanto impensables como pueden ser el de pulsar un botoncito para que la puerta del parking se abra sola, el de acceder desde nuestro móvil a las últimas noticias publicadas por los diarios, el de dejar que el coche se aparque solo o el de hacer la compra de la semana sin movernos de la mesa de la oficina.

Los avances tecnológicos nos permiten dar y recibir conferencias a distancia, enviar correos que llegan al instante y bajar la persiana del comedor para que sol no nos deslumbre sin movernos del sofá mientras leemos un libro que no hemos tenido que coger de estantería alguna. Nuestra biblioteca ya no ocupa paredes y más paredes y en los estantes en que guardábamos todos aquellos libros que sirvieron para saciar nuestra sed lectora ya no son un imán para el polvo o para los pececillos de plata, esos pequeños insectos que encuentran su hábitat natural en los lugares en los que hay mucho papel acumulado. Nuestra biblioteca, ahora, está encerrada entera en el vientre de un aparato que se llama ebook, que cabe en el bolso o la mariconera y en el que podemos escoger un tamaño de letra que nos haga más cómoda y sencilla la lectura.

Todos esos avances tecnológicos nos han permitido llevar mil canciones en un pen drive, cocinar con inducción y echar un vistazo a las calles de Lisboa sin movernos de Barcelona, de Madrid o de aquel pueblo de la costa andaluza en el que solemos pasar las vacaciones.

Los avances tecnológicos, pues, han inundado todas las facetas de nuestra vida. También las del placer. Si hasta no hace demasiado nuestro maletín de juguetes eróticos acumulaba una variada colección de dildos, plugs y otra serie de dispositivos que, o bien debíamos mover nosotros mismos sirviéndonos de la habilidad de nuestras manos o, como mucho, de la movilidad que prestara a los mismos un sistema motor, ahora las posibilidades de encontrar juguetes eróticos tecnológicamente avanzados se han multiplicado de manera radical.

Juguetes eróticos 2.0

El mundo 2.0 ha llegado a la industria del juguete erótico y cada vez son más los juguetes para adultos que, sirviéndose de una tecnología puntera, intentan satisfacer las necesidades de los usuarios y usuarias de los mismos.

Un ejemplo de este tipo de juguete erótico de última generación sería el Crescendo, un vibrador flexible creado por la compañía británica Mystery Vibe. La flexibilidad de este vibrador es tal que el mismo puede adquirir aquella forma que se le quiera dar. Pero la mayor virtud del Crescendo es que su flexibilidad es también funcional. ¿Qué queremos decir con eso? Que, gracias a una app, el usuario de este vibrador 2.0 puede programar las funciones de este tecnológicamente avanzado juguete erótico. Al programar el Crescendo, el usuario del mismo elige el tipo de vibración, su intensidad y su duración, así como la temperatura del vibrador. La idea de los fabricantes de este vibrador de última generación es desarrollarlo hasta el punto de que el mismo pueda, en un futuro no demasiado lejano, sincronizar sus movimientos y vibraciones con la música que esté sonando en ese momento en la habitación en que esté siendo utilizado el Crescendo.

Otro ejemplo de cómo los avances o el estudio tecnológico puede acabar influyendo en el futuro del juguete erótico es la progresiva sustitución de la simple vibración en los juguetes eróticos por un movimiento más semejante a la pulsación que, por ejemplo, realiza un actor porno al practicar un coito. Ése es el objetivo principal de la marca alemana Fun Factory. Hasta llegar a él, esta marca experimenta con un vibrador que combina dos tipos de vibraciones: una afecta al cuerpo central y la otra al clítoris. En total, 64 formas distintas de combinación. Este vibrador de última generación ofrece una novedad respecto a otros vibradores que incorporan estimulador de clítoris: posee unas pequeñas alas que sirven para estimular los labios vaginales y está diseñado para estimular también el punto G.

Vibradores sin manos

Una de las máximas obsesiones que ha guiado el trabajo de las marcas de juguetes eróticos más implicadas en la investigación tecnológica para mejorar las prestaciones de los juguetes eróticos y su efectividad es la de conseguir que los juguetes eróticos 2.0 puedan cumplir con su función sin que mano alguna tenga que manejarlos. En este sentido hay que destacar a Eva, un vibrador de clítoris que, con brazos incorporados, lanzaron al mercado Alexandra Fine y Janet Lieberman. Esos brazos sirven para sujetar el aparato a los labios mayores vaginales. Este vibrador de última generación puede utilizarse durante la penetración (siempre que ésta no se realice a un ritmo demasiado intenso y con golpe demasiado duros) y cumple la doble función de estimular a la mujer y al hombre.

De entre los avances tecnológicos llegados al mundo del juguete erótico hay uno que destaca de manera especial por su originalidad. El juguete erótico de última generación en cuestión se llama Little Bird, es de nacionalidad francesa y ya está en el mercado. Gracias a él, la lectura de narrativa erótica se volverá especialmente excitante. Este juguete se maneja desde el móvil y se conecta a una app de lectura vía Bluetooth. Esa app, gratuita, se puede bajar al móvil o a una tablet. La sincronización del vibrador con la tablet o el móvil permitirá disfrutar de diez velocidades diferentes de vibración. Para activar estas vibraciones basta con dar un pequeño golpe sobre la pantalla. ¿Cuándo? Lógicamente, cuando la escena descrita en el libro se vuelva especialmente interesante.

Como ves, la industria del juguete erótico no ceja en su empeño de buscar nuevas tecnologías que mejoren las prestaciones de los diferentes juguetes para adultos. Esos avances, qué duda cabe, cambiará dentro de algunos años los catálogos de juguetes sexuales disponibles en los sexshops. Nosotros, claro, los recibiremos con los brazos abiertos. Que no se diga que vamos en sentido contrario a la marcha de la historia.