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Los prejuicios con los juguetes eróticos

Pese a todas las buenas y convincentes razones que podemos encontrar para usar los juguetes sexuales, la mayoría de las personas albergan todavía muchas reservas a la hora de probarlos. Nada mejor que la información y el estímulo para liberarse de esas reservas y, así, poder entregarse a la exploración de un nuevo reino de placer erótico. Por ejemplo, hay mucha gente que cree que los juguetes eróticos son sólo para personas cuyas vidas sexuales necesitan ayuda. El hecho de que los juguetes sexuales hayan sido denominados “ayudas maritales” ha favorecido la promoción de ese mito. Como si el juguete sirviera para arreglar algo que no funciona bien. Nada de eso. Que un vibrador ayude a una mujer a conseguir más fácilmente el orgasmo no tiene que ver con un mal funcionamiento de su organismo del mismo modo que no hay nada averiado en el pene de un hombre que descubre que un anillo le ayuda a mantener durante más tiempo su erección. Si establecemos un único patrón y modelo de rendimiento sexual, siempre llegará el momento en que nos veamos como “averiados”. Hay que entender que la respuesta sexual individual no permanece inalterable a lo largo del tiempo, sino que fluctúa, y debemos buscar en todo momento lo que más adecuado sea para ayudarnos a gozar y ayudar a gozar al otro en cada una de esas fases.

El simple hecho de que estos instrumentos sean llamados “juguetes” implica que todo remite al juego y que, por tanto, no debe tomarse demasiado en serio todo lo referente a la práctica del sexo. Hay que quitarle trascendencia y entenderla como eso, como un juego con el que pasarlo bien. Como el juego, el sexo debe ser impredecible, emocionante y, por qué no, un poco desordenado. Los juguetes eróticos añaden diversión a ese juego.

¿Son los juguetes eróticos antinaturales?

Existe otro mito muy arraigado entre la gente y es el de pensar que “los juguetes eróticos son antinaturales”. Quien sostiene esta afirmación sostiene también que la naturaleza ya nos dotó del “equipo” necesario para gozar del sexo. Si usted es estricto en esto y piensa de este modo, está obligado a ser un poco aburrido y reiterativo. Piense por ejemplo en el uso de la ropa interior atractiva, en la película romántica, en la cena a la luz de las velas, en las sábanas de satén, en el aceite de masaje… Seguramente no verá en ello nada de extraño ni anormal y, sin embargo, son igual de “antinaturales” que un vibrador o un anillo. Unos y otros contribuyen a dar nuevos contenidos a nuestra experiencia del sexo. Como casi siempre, hay que volver la vista atrás y ver qué hicieron nuestros antepasados. Por algo modelaron consoladores de piedra o madera.

¿Utilizan los hombre juguetes sexuales?

Otro mito tristemente arraigado: los hombres no usan juguetes sexuales. En general, cuando se trata de juguetes eróticos, los hombres tienden a posicionarse de dos maneras. Unos creen que un juguete sexual es un insulto a su hombría. Otros nunca admitirán en voz alta que les gusta el juguete erótico. A los primeros sólo hay que decirles algo: cuando utilizas el juguete sexual no importa tanto el juguete en sí como lo que haces con él, y, qué duda cabe, con un juguete erótico en sus manos un hombre puede hacer más cosas con una mujer. Quererse ver como semental y limitarse a actuar con lo que la naturaleza nos dotó frustra la oportunidad de la aventura de placer e imaginación que los juguetes nos brindan.

Prejuicios sobre los artículos de Sexshop

Un mito más: si uso el juguete X la gente pensará que soy tal. Un ejemplo: “si uso un tapón anal, la gente pensará que soy gay”. Otro: “si uso consoladores, la gente pensará que soy lesbiana”. O “si quiero atar a mi pareja, yo debo ser una dominatrix”. Como siempre, hay que pensar que aferrarse a los estereotipos sólo puede servir para frenar cualquier innovación. En este caso, aferrarse a las ideas preconcebidas sólo hace que se frene la curiosidad sexual y el crecimiento individual.

Las personas que han trabajado en alguna tienda de juguetes y productos eróticos (sexshops) si algo han aprendido es que las personas en modo alguno pueden ser compartimentadas basándonos en la orientación sexual. Claro que un montón de lesbianas utilizan consoladores. Pero también hay mujeres heterosexuales que quieren tener un dildo en su vagina mientras su marido la penetra analmente. A no todos los hombres gays les gusta el sexo anal del mismo modo que a no todas las mujeres heterosexuales les gusta la felación. La identidad sexual define quiénes somos pero no dice nada de nuestras prácticas sexuales. Lo mejor es romper los estereotipos, dejar de preocuparse por lo que piensen los demás y, simplemente, hacer lo que a uno le siente bien.

¿Son los juguetes eróticos sólo para personas solitarias?

Otro de los mitos, dañino como todos los mitos infundados, es el de considerar que el juguete sexual es algo para perdedores o solitarios, algo que las más actuales expresiones de la cultura pop desmienten. Los vibradores, que pocas veces habían aparecido en películas o telefilmes (y si lo hacían solía ser como objeto fetichista o como broma sobre mujeres solitarias), están ganando un poco de popularidad y respeto. Series de televisión como Sexo en Nueva York están ayudando a que se normalice el concepto que se tiene sobre estos juguetes y en el modo en que se percibe socialmente a quien los utiliza. Que el rapero Ice T, por ejemplo, proclame cómo le gusta utilizar el vibrador en sus relaciones con las mujeres ayuda en la tarea de normalización del uso de estos juguetes. Después de todo, para usarlos no hace falta ser un creador de tendencias. Con abrir la mente, basta.

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