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El orgasmo sin eyaculación

De tanto en tanto alguna palabra se pone de moda y nosotros la vamos usando sin saber muy bien a qué nos referimos. Una de esas palabras es tantra. Si delante de un grupo de gente hablas de ello, más de uno pensará que estás hablando de una especie de orgasmo sin eyaculación. Lógicamente, el tantra es algo más que eso. Su antigüedad (más de 5.000 años) nos da una idea de que es algo más complejo que sentir el placer del orgasmo sin llegar a corrernos.

Para empezar, debemos saber que el tantra es una práctica india que nos sirve para festejar el cuerpo y la sexualidad. El cuerpo humano, lejos de ser el centro en el que nace y se fortalece el pecado (noción eminentemente cristiana y que seguramente ha actuado a lo largo de los siglos como elemento coercitivo del placer) debe ser honrado como fuente de gozo sensual. En cierto modo, el tantra, al destacar ese papel para el cuerpo, se convierte en un camino hacia la iluminación, la enseñanza que nos lleva o nos hace descubrir y asimilar que el acto sexual tiene una naturaleza eminentemente divina. Gracias a ese descubrimiento y al dominio de las prácticas que conforman el tantra, podremos aportar vitalidad e intimidad a nuestras relaciones sexuales. Para ello, el tantra, y siguiendo las enseñanzas que se empezaron a desarrollar en la India (ya se dijo) hace más de 5.000 años, debe convertirse para nosotros en una forma de vida, en una manera de ver el mundo. Según ese modo de vida, debemos entender que sexualidad, emociones y espiritualidad están íntimamente relacionados y que la iluminación divina, a la que llegamos a través del placer sexual, tiene lugar cuando se unen en perfecta armonía los opuestos, es decir, las dos partes de la pareja que, en un momento determinado, disfruta del acto sexual.

El camino tántrico

El camino tántrico enseña a quien quiere seguirlo que todo lo que ocurre en la vida es un regalo del que se puede aprender. Por eso uno de los significados de la palabra tantra (tiene muchos) es “camino”: porque todo camino es, en el fondo, un aprendizaje. También una “transformación”. A medida que vayamos conociendo ese camino y escogiendo junto a nuestra pareja nuestra propia ruta, iremos acercándonos a ese momento de iluminación gozosa y única, seguramente también intransferible.

En primer lugar hay que tener en cuenta que el tantra, como autopista hacia la iluminación que es, es una invitación al disfrute pleno del sexo y al máximo aprovechamiento del tiempo que cada uno de nosotros pasamos con nuestra pareja. Al alcanzar la felicidad orgásmica durante el acto sexual, debemos tomar conciencia plena de ese estado y permanecer en él durante el mayor tiempo posible. Como si nos instaláramos en el orgasmo y nos negáramos a salir de él convirtiéndolo, de algún modo, en un estado mental en el que, al mismo tiempo que se tiene conciencia de lo que sucede, se renuncia a todo tipo de deseo. Ese estado de ánimo de gozo libre de deseo sería, precisamente, la iluminación.

Para alcanzarla, es tan importante lo que se hace como el ambiente en el que se hace. Ese ambiente tiene un efecto inmenso en tu bienestar sensual y espiritual. El tantra enseña a crear un espacio sagrado en el que podrás practicar tus meditaciones y que puede pertenecer tanto a tu propia casa como a un espacio natural que tú elijas. En ese espacio podrás liberarte de las tensiones de la vida diaria y predisponer tu mente y tu cuerpo para que las enseñanzas del tantra vayan calando en ti como una lluvia fina hasta que te transformen en otro ser, mucho más consciente de su propio cuerpo y del potencial de éste para disfrutar de sí mismo y de todas sus sensaciones.

El Tantra en la sociedad moderna

El tantra debería convertirse en un elemento muy relevante en las relaciones modernas. Nuestro modo de vida está cargado de responsabilidades y preocupaciones, lo que, fácilmente, genera un estado de ansiedad de nos impide gozar de lo que tenemos más a mano: nuestro propio cuerpo. El tantra es una incitación a apartar esas preocupaciones para permitirnos pasar más tiempo (y un tiempo de mayor calidad) con nuestra pareja. Eso nos permitirá alcanzar más intimidad y hacernos sentir más vivos de una manera tan simple como satisfactoria.

En el tantra se honra a lo que de divino habita en todos y en todo. Cuando pasees por el camino que el tantra te propone, descubrirás belleza allá donde ni siquiera podías imaginar que existiera. Así, a base de pequeños descubrimientos, podrás empezar a experimentar de una manera más profunda las cosas en apariencia simples que nos ofrece la vida. La belleza propia de la naturaleza, un aliento o un abrazo tendrán un nuevo sentido para ti. Después de todo, el tantra es algo así como un despertar de los sentidos. Ellos, gracias al tantra, irán renaciendo y, al hacerlo, te permitirán disfrutar más y mejor de todo lo que te rodea despojándote de las preocupaciones y el estrés. Para ello deberás adquirir el propósito firme de dedicar más tiempo a ti y a tu pareja y, sobre todo, deberás alejarte de tu rutina habitual para centrarte en la práctica tántrica y en su fundamento principal: la meditación.

Escorts y Tantra

Hoy día incluso, muchas escorts (prostitutas de lujo) se han formado en Tantra para poder ofrecer dentro de su amplio abanico sexual, servicios Tántricos. Es una buena manera de introducirse en estas técnicas para después poderlo poner en marcha con su pareja habitual, ser conducido por una experta para después evitar las dudas y quedarse en el intento por no alcanzar las metas deseadas.