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El orgasmo múltiple masculino

¿Cuántas veces has escuchado el término multiorgasmo? Seguramente bastantes. ¿Y asociado a la sexualidad masculina? Con toda seguridad muchas menos. Y es que multiorgasmo parece un concepto íntimamente ligado a la sexualidad femenina. Se suele hablar de la mujer multiorgásmica y de los pasos y procesos estimuladores que deben seguirse para conseguir eliminar o acortar de manera radical el período refractario que normalmente sucede a un orgasmo haciendo posible la llegada de un orgasmo u orgasmos subsiguientes al primero, pero no se acostumbra a hablar de cómo conseguir que el hombre consiga alcanzar la experiencia del multiorgasmo. Y es que el hombre, al igual que la mujer, puede gozar de esa experiencia si domina las técnicas necesarias para conseguirlo.

Se suele asociar la sexualidad masculina a la necesaria existencia de un tiempo de reposo o descanso entre orgasmo y orgasmo. En términos coloquiales y en conversaciones de bar suele hablarse del tiempo que necesita el hombre para volver a cargar la escopeta, fusil, pistolón, pistola o como queramos llamar al órgano corporal masculino que debe interpretar el papel protagonista en toda penetración erótica. Ese tiempo de reposo entre descarga y carga es lo que se conoce técnicamente como período refractario. Eliminarlo y acortar es lo que permitiría alcanzar varias veces el clímax durante el mismo coito.

Para que se pueda alcanzar el multiorgasmo masculino es necesario aprender a controlar la eyaculación. Es decir: hay que alcanzar el clímax sin eyacular. ¿Es eso posible? Sí. Es cuestión de práctica. De hecho los hombres, cuando somos niños, y antes de alcanzar la primera eyaculación, podemos experimentar orgasmos múltiples porque no tenemos períodos refractarios. ¿Cómo recuperar en la edad adulta esa capacidad que teníamos cuando éramos niños? Fundamentalmente, extremando el control físico y mental de la eyaculación.

Al estudiar el orgasmo masculino hay que detenerse a analizar lo que se conoce como “orgasmo ampliado”. Debemos el concepto de orgasmo ampliado a la doctora Patricia Taylor. Ésta, en 1995, lo acuñó para referirse a aquellos clímax que pueden durar desde unos pocos minutos hasta varias horas. Para alcanzar estos orgasmos hay un camino casi infalible: la estimulación prostática.

De la próstata a la retroeyaculación

La zona prostática es conocida como el punto G masculino. La estimulación de la próstata durante las relaciones sexuales facilita el multiorgasmo masculino. Sabemos que son muchos los hombres reacios a una estimulación que muchos hombres consideran propia de homosexuales. Romper este tabú permitiría que muchos hombres descubrieran una intensidad desconocida en sus orgasmos e, incluso, alcanzaran la variopinta multiplicidad del multiorgasmo masculino.

Otra técnica que debe servir para conseguir el multiorgasmo masculino es la que se conoce con el nombre de eyaculación retrógrada o retroeyaculación. Para dominar esta técnica es necesario haberse ejercitado practicando los ejercicios de Kegel y ensayando durante la masturbación. Para ello, la masturbación debe convertirse en algo diferente de lo que habitualmente es. Y es que hay estudios que apuntan a que el 75% de los hombres alcanza el orgasmo a los dos minutos o menos de haber empezado a masturbarse.

Masturbarse y detener la masturbación varias veces cuando se esté a punto de eyacular debe servir para reconocer e identificar las sensaciones pre-eyaculatorias y para alcanzar el objetivo de la eyaculación retrógrada. Ahora bien, ¿en qué consiste ésta? Fundamentalmente, en desviar el flujo del semen hacia la vejiga urinaria en lugar de darle salida hasta la uretra. Ese semen desviado hacia la vejiga será expulsado posteriormente hacia el exterior con el acto de orinar. Consiguiendo esto, el hombre alcanza a experimentar la sensación del éxtasis orgásmico sin eyacular. Al conseguirlo, el hombre podrá disfrutar de varios orgasmos en un corto período de tiempo. Es decir: se convertirá en un hombre multiorgásmico.

Control de la respiración

Los maestros del yoga y el tantra proponen, además, aprender a controlar la respiración para, así, controlar la eyaculación. Para ello es imprescindible que el hombre identifique lo que se ha dado en llamar como Punto R, es decir, aquel punto de no retorno en el que la eyaculación parece hacerse inevitable. Justo en ese instante, justo antes de que se inicien las contracciones que provocan la eyaculación, el hombre debe respirar profundamente.

El control adecuado de la respiración permite, según algunos estudios, mejorar la erección, el control de la eyaculación y aumentar la intensidad del orgasmo. Para alcanzar ese control respiratorio es necesario adaptar la respiración a un ritmo de 5 segundos de inspiración, 5 segundos de mantenimiento de la respiración y a otros 5 para exhalar.

Una vez controlada algunas de estas técnicas, el hombre mono-orgásmico podrá convertirse en ese hombre multiorgásmico del que hemos venido hablando a lo largo de todo este artículo y en el que tú, seguramente, desearás convertirte para, así, disfrutar mucho más intensamente del don sagrado de la sexualidad.