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Aspectos espirituales del Kamsutra

El Kama Sutra no aborda los aspectos espirituales de la relación entre el hombre y la mujer. Su autor quiso que el libro, más que un tratado de espiritualidad, fuera un compendio de consejos que permitieran convertir las relaciones sexuales en un artificio social, algo en lo que la riqueza y la seguridad son factores importantes. Esos consejos, dado que tienen que ver con una sociedad muy particular (la de la India de la época), seguramente son los responsables de que muchos de sus lectores actuales puedan, en un cierto momento, encontrar aburrido el texto. ¿Por qué, entonces, el libro sigue gozando de tanta popularidad? Sencillamente: por el número y la variedad de posturas eróticas que el autor del Kama Sutra describe elocuentemente.

Por lo tanto, si queremos buscar los aspectos espirituales de la sexualidad debemos seguir otros caminos. Vatsyayana, autor del Kama Sutra, estaba al tanto de los escritos sánscritos que hablaban de la espiritualidad de toda relación erótica, pero los rechazó como material a la hora de escribir su libro. Esos textos sánscritos de los que hablamos sí analizaron la dimensión espiritual del sexo. En muchos de ellos se recogían los principios fundamentales del Tantra y las prácticas que éste ofrece para elevar la energía espiritual del individuo y para hacer más profunda la unión de las parejas así como la del individuo con el “infinito”.

Separar cuerpo y espiritu

En Occidente hemos sido expertos en separar cuerpo y espíritu. Hemos escindido alma y cuerpo y hemos hecho que, en muchos textos de carácter religioso, uno y otro luchen entre sí. Como si fuesen antagonistas irreconciliables. El hinduismo, por el contrario, siempre ha sostenido que cuerpo y espíritu son inseparables. Este modo de concebir la relación entre cuerpo y espíritu permite que el sexo, como expresión corporal que es, sea, al mismo tiempo, una expresión de nuestra naturaleza divina. El Tantra, sin ir más lejos, favorece, por un lado, la satisfacción plena de nuestros deseos, y por otro cultiva y mima nuestra vida espiritual. En un mundo cada vez más mecanizado y frío, el sexo se ha convertido en casi el último reducto de placer natural, casi el único modo que tenemos para poder expresar todos los aspectos (animal, emocional y espiritual) de nuestra naturaleza humana. El Tantra nos ofrece la posibilidad de hacer confluir todos estos aspectos en una misma experiencia. Con su práctica, se puede convertir el orgasmo en una experiencia no sólo de los genitales, sino de todo el cuerpo. Con una combinación de adecuada respiración y meditaciones sencillas puedes conseguir no sólo retrasar ese orgasmo que a veces parece llegar (¿o no eres de esos?) antes de tiempo, sino también conseguir una unión integral de cuerpo, mente y espíritu que acaban revirtiendo en una vida más plena y feliz.