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Sexo y Tantra

Pasa muchas veces en la vida. Nos perdemos en los detalles y nos olvidamos de echar un vistazo general que, desde la distancia adecuada, nos permita tener una vista global de algo. Puede ser sin duda una maravilla detenerse a contemplar el perfil casi fantasmagórico de una gárgola de Notre Dame o el trazo sutil de una pincelada de Goya, pero si dejamos la vista prendida a esos detalles nos perderemos la impresionante imagen de la fachada de la catedral parisina o la magnífica desnudez de la maja retratada por el genio aragonés. Eso puede habernos sucedido, a estas alturas, cuando hablamos de Tantra o, en mayor medida, de sexo tántrico.

A lo largo de los diferentes posts de esta sección hemos ido viendo el modo que tienen los diferentes sentidos (vista, tacto, gusto, oído y olfato) para interferir en la experiencia tántrica dotándola de un sentido que va más allá del meramente genital. Hemos explicado rituales para controlar la respiración y hemos aconsejado diferentes técnicas orientadas a controlar el orgasmo y retrasar la eyaculación. Integrar todos esos consejos en nuestro modo de hacer el amor sería, pues, la mejor manera de avanzar hacia el objetivo de convertirnos en mejores y más felices amantes.

Para que esa integración entre los diferentes conceptos que hemos venido estudiando se haga posible es necesario, de nuevo, adoptar una visión de conjunto. Por eso creemos que éste es un buen momento para, dejando esos conocimientos aparcados, volver a echar un vistazo general a lo que es el sexo tántrico y, por extensión, el Tantra en sí.

Sexo más allá de lo genital

Lo primero que hay que tener claro, al hablar de sexo tántrico, es que éste es un encuentro sexual que persigue objetivos que están más allá de lo carnal. El crecimiento individual y de la pareja serían los objetivos finales de toda relación sexual tántrica. Para ello, hay que practicar el sexo de una determinada manera. A continuación te detallamos los aspectos principales de dicha forma de hacer el amor y lo que hay que tener en cuenta a la hora de practicar el sexo tántrico.

Siendo la meta final un objetivo que está más allá de lo físico, lo ideal es preparar la mente y abrirla a dicha experiencia. Las técnicas de meditación y relajación son, en este aspecto, fundamentales para que el destino final sea alcanzado. De hecho, no puede concebirse el sexo tántrico sin meditación.

La meditación y el sexo tántrico en sí precisan de un tiempo que va más allá del polvo rápido y apresurado. Para practicar el sexo tántrico se necesita tiempo. Liberarse de la esclavitud y la dictadura de los relojes es imprescindible para que el Tantra marque los pasos de nuestra sexualidad y, por extensión, de nuestra vida.

Otro de los aspectos fundamentales y que deben dominarse a la perfección para que el sexo tántrico tenga lugar es la respiración. Toda meditación exige un dominio absoluto de la respiración y el control sobre ésta será capital a la hora de mantener relaciones sexuales tántricas. La coordinación de las respiraciones de los dos miembros de la pareja permitirá un mejor matrimonio de los cuerpos en busca del placer mutuo.

Al igual que sucede con la respiración, la caricia y el beso son fundamentales a la hora de practicar sexo tántrico. Por decirlo de algún modo, el sexo tántrico sería lo contrario de lo que, a niveles de práctica sexual, muestran las películas porno. No se puede concebir el sexo tántrico sin que besos y caricias ocupen un espacio estelar junto a la penetración. Ésta se mezcla con aquéllos en el sexo tántrico para, de alguna manera, disputarse el protagonismo de la tarea excitadora.

Una vez que se ha producido la penetración, el sexo tántrico bien realizado exige un dominio absoluto sobre la eyaculación. Controlar la eyaculación es fundamental a la hora de practicar sexo tántrico. Eso permitirá prolongar el disfrute y, al mismo tiempo, convertir el orgasmo en una experiencia mucho más gozosa e intensa. Ese orgasmo, cuando llegue, será un orgasmo que no sólo afectará y dará placer a los genitales sino que recorrerá todo el cuerpo como si de una oleada de dicha se tratara.